A pesar de la bonanza económica de estos últimos años y de los ingentes fondos destinados a los planes de emergencia y de equidad, la distribución del ingreso no mejoró en nuestro país bajo el gobierno del Frente Amplio. Así lo revela un estudio de cuatro investigadores de la Universidad de la República que permite calibrar si la izquierda consiguió sus objetivos en materia de equidad. Las cifras de ese trabajo revelan que creció la distancia entre lo que percibe el 20% más rico comparada con los ingresos del 20% más pobre, una desigualdad que se mide a través del llamado índice de Gini.
Estos datos cuestionan las políticas asistencialistas aplicadas por el Ministerio de Desarrollo Social a través de los planes de emergencia y de equidad, consistentes en la entrega de partidas de dinero sin imponer mayores exigencias a los beneficiarios. Prueba una vez más que esos programas de ayuda sirven para remediar algunas urgencias, pero que no son una buena solución en el mediano plazo. Sólo la exigencia de contraprestaciones a los receptores de los fondos ya sea en materia de educación, salud o actividades laborales, sirven a la larga para mejorar la calidad de vida de los sectores menos privilegiados y para extraerlos definitivamente del círculo de la pobreza en donde están sumidos.
Uruguay es hoy un país en donde el quintil superior obtiene casi la mitad del ingreso nacional en tanto que el inferior absorbe menos del 5%, una distancia que nos aproxima a situaciones características de sociedades subdesarrolladas, con una ancha brecha entre las clases sociales.
Es cierto que todavía estamos lejos de ciertos países en donde el desnivel es aun peor -Brasil, por ejemplo-, pero lo alarmante es que se confirme la tendencia a la mala distribución del ingreso después de casi un quinquenio de crecimiento del producto bruto y con un gobierno que pregonó en todo momento su política a favor de mayor equidad e hizo de ella una bandera.
Con más humildad y menos propaganda, los responsables gubernamentales en la materia, deberían analizar estas cifras y enmendar políticas que significaron un fuerte desembolso para el Estado con escasos resultados prácticos.