Compromiso

Los únicos enemigos reales que tiene el Partido Nacional son la pobreza, la injusticia y la desigualdad". Palabras más, palabras menos, esta frase, pronunciada primero por el candidato nacionalista Luis Alberto Lacalle, y repetida después por su compañero de fórmula, Jorge Larrañaga, constituye de por sí un lema para la campaña electoral. Por un lado, la frase indica que los blancos no se sienten enemigos de los miembros de otras formaciones políticas, quienes son, en todo caso, adversarios, una calificación respetuosa de las mejores tradiciones democráticas.

Por otro, la misma frase define objetivos sociales para un futuro gobierno nacionalista. Pronunciadas al calor de la noche de las internas, esas palabras suscitaron un apoyo entusiasta porque surgen de un partido de probada raigambre popular como lo demuestran sus acciones a lo largo de la historia. Sus líderes históricos, desde Manuel Oribe hasta Saravia y Herrera, procuraron interpretar siempre el sentir de la gente, en particular de los desposeídos, a favor de quienes propiciaron leyes y medidas concretas que contribuyeron a hacer del Uruguay aquel "país de las clases medias" cuya existencia hoy luce amenazada.

Con esta definición, formulada en el comienzo mismo de la campaña hacia las elecciones de octubre, los líderes partidarios confirman su compromiso con la adopción de acciones concretas de contenido social. Tanto Lacalle como Larrañaga tienen buenas credenciales al respecto porque ambos, desde distintas posiciones ejecutivas, uno a nivel nacional, otro en el plano departamental, integraron aquel gobierno nacionalista que en el quinquenio 1990-1995 logró reducir la pobreza a la mitad (del 12% al 6%), gestión que fuera resaltada por Cepal en su tiempo como un récord para América Latina.

Pilares de aquellas conquistas fueron una sana política económica que redujo la inflación, aumentó el ingreso de los trabajadores (que se llevaban un pedazo del PBI más grande que el que se llevan hoy) y logró una mejora sensible en la distribución de la riqueza. Lo cual confirma que en materia de políticas sociales los blancos no le ceden la derecha a nadie.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar