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REBAR
Silvio Berlusconi -con ese nombre de zaguero italiano de la selección "azzurra"- está ensayando el último capítulo de su telenovelón: VERÓNICA Y YO. A fines de abril, la madre de sus tres hijos (Bárbara, 24 años; Eleonora, 22; y Luigi, 20) le pidió el divorcio. Algunos, muy pocos, opinan que ahí encontrará la horma del zapato: la mayoría, por el contrario, vaticina que sea cual sea el fallo, el galán setentón continuará haciendo la suya... es decir, arreglando líos a billetera abierta.
Tiene antecedentes separatistas: se casó en primeras nupcias con Carla Dall`Oglio. En 1980 pasó de Director Técnico y ordenó un cambio: SALE CARLA Y ENTRA VERÓNICA... una belleza serena con algo de Mona Lisa (pero menos lisa) que venía de la farándula, dispuesta a borrarse de la vida nocturna. Desde que "il cavaliere" le arrimó el bochín por primera vez, "la Vero" optó por quedarse en casa, prefiriendo esperar a Silvio hasta la hora que fuere: comprensiva como pocas mujeres, se hacía cargo del desvelo del amo y señor del Milano, que permanecía hasta el filo de la madrugada presenciando las prácticas del club de sus amores, que buscaba perfeccionar el recurso de la pelota parada para abatir todas las resistencias. Verónica llegó a dominar el tema a tales niveles, que se permitió proponerle al Silvio un método innovador para mejorar el rendimiento de la situación.
Sin anotarse en la planilla matrimonial, por una década la pareja compartió el mismo vestuario: hasta que un día -el 15 de diciembre de 1990- suspendieron por unas horas la preparación del arbolito de Navidad, y se casaron al grito jubiloso de "¡Viva Papá Noel!"
Pero, de a poco, don Berlusconi fue trasladando su capacidad goleadora a todas las canchas de la península hasta que, ya veteranoide, se dedicó al fútbol-sala femenino: organizó varios torneos de estropicios con generosos premios a las vencedoras, y supo integrar una selección de "chuchis" hermosísimas, para incorporarlas al Parlamento europeo bajo el lema "A las tanas no hay con qué darles".
Doña Verónica olió que algo andaba mal (para ella)... notable para él. Y como le sobró olfato, paseó su delicada naricita por las escenas que el periodista y fotógrafo Antonello Zappadu captó en Villa Certosa, una fascinante mansión que enriquece el paisaje de la Isla de Cerdeña que "il cavaliere" mandó construir para descansar del agobio de su función.
Esa fue la piedrita que creció y creció hasta convertirse en la cantera de los escándalos.
En la próxima columna, les contaré cómo descansa el primer ministro itálico: la curiosa fórmula no ha sido cabalmente entendida por Verónica, que sin más ni más aceleró la demanda de separación.
¡Qué apurada!... ¡Y qué necia!... Antes de adoptar esa decisión, debió pensar en un posible contra-ataque de Berlusconi. Por lo pronto, la amiga de éste, Daniela Santanché, manifestó en una entrevista que le hicieron sobre el caso, que la agraviada señora Lario tiene un amante -Alberto Orlandi- que fuera chofer de don Silvio, y ahora es jefe de sus custodios.
Por lo visto y oído, los ángeles están de licencia en Italia.
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