Olimareños llenan el Luna Park con canto y entusiasmo

Respuesta. El público acompañó en todo al dúo uruguayo

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BUENOS AIRES | IGNACIO QUARTINO

Como hace 25 años o -más cercano en el tiempo- el mes pasado en el Estadio Centenario, Braulio López y Pepe Guerra emocionaron a 7.000 rioplatenses que el viernes colmaron el mítico Luna Park para homenajear al dúo del Olimar.

Se mostraron agradecidos con el público "por querer durante tanto tiempo estas canciones", según señaló Pepe en el inicio del show. Él y su compañero de canto volvieron a mostrar que "la memoria colectiva que los han mantenido presentes durante tantos años", al decir de Braulio, no estaba equivocada cuando insistía en reunirlos de nuevo. Esta vez, claro está, fue en un pago ajeno pero donde los quieren como si fuesen propios. El mejor ejemplo de esto, pudo graficarse en el gesto de uno de los espectadores ubicados en la primeras filas respecto del escenario flameando las banderas de Uruguay y Argentina, cada vez que culminaba cada una de las 37 canciones que realizó el dúo en la noche del viernes.

"Van a estar todas las que podamos", avisaba Braulio que así respondía a la demanda de sus fanáticos que promediaban los 60 años, y junto a Pepe se esmeró en hacer muchos temas para la media de un show musical, pero siempre pocos para el vasto repertorio del dúo.

De todas maneras, difícilmente alguien pudo haberse ido decepcionado del Luna Park, cuya acústica y logística organizativa les brinda a los artistas el marco ideal para poder calar hondo en las almas de un público sensible como el que allí estaba.

Previo al show, Los Olimareños despertaron el efecto nostalgia que se reflejaba en las charlas de tribuna, donde se recordaban los tiempos cuando había que esconder los discos del grupo en cuestión con esas letras que, a los pocos minutos de evocarlas, fueron entonadas a viva voz por los mismísimos Guerra y López.

Clásicos como Vivían, El campo grande, Cielo del 69, Milonga del fusilado o el melancólico Ta llorando, fueron coreados por buena parte de los espectadores, igual que los clásicos Hasta siempre (el himno al Che Guevara) y A don José que, a su vez, fue el tema elegido para iniciar la retirada y que evidenció la vasta presencia de la colonia de uruguayos residentes en Buenos Aires en el show.

Eso no quitó, dada la capacidad del estadio, que un importante número de argentinos se hicieran presentes en el Luna para ver a Los Olimareños, recordado en esas tierras por sus presentaciones en el Interior y, particularmente, en Cosquín, padre de los festivales de música popular en Argentina.

Sea Cosquín o no, después de semejante performance en el Luna, es de esperar una oferta lo suficientemente tentadora como para hacer trizas esa idea inicial olimareña de hacer un par de shows y que el dúo decida tocar de nuevo en algún otro lugar del Río de la Plata.

Si bien el recital de Los Olimareños llegó a Buenos Aires en una circunstancia muy particular por los 25 años del show de 1984 y a 17 días antes de un acto eleccionario en Uruguay, no hubo una convocatoria en medios para que el público colmara el Luna Park, pagando incluso precios superiores a los del Centenario.

Sin embargo, ese público, sintió que además de revivir un reencuentro con el pasado, estaba la posibilidad de apreciar a dos figuras vigentes, adecuadamente respaldados adentro y afuera del escenario, sin improvisaciones y un profesionalismo de la producción que estuvo a la altura de los artistas de primer nivel.

Con esa fórmula, difícilmente se pueda pensar en un hasta nunca de Los Olimareños. Por el momento, sólo ellos tienen la respuesta. Por eso mismo, los 7.000 espectadores que fueron al Luna Park pueden sentirse unos privilegiados de haber visto el (posible) último show de un grupo que ocupa un lugar muy importante en la historia de la música popular.

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