Barquitos de papel

El bloqueo al ingenio de Alcoholes del Uruguay (ALUR) por parte de los productores de caña de azúcar de Bella Unión, ha puesto sobre el tapete el tema de uno de los buques insignias de este gobierno que, al igual que otros, se hayan perforados y con vocación de anclar en el fondo del mar. Este era el "buque del país productivo", de acuerdo a la categórica afirmación del ex ministro de Ganadería, devenido en candidato oficial del frenteamplismo.

Lo que ocurre en las puertas de ALUR es la simple consecuencia de un voluntarismo extremo, de promover hasta las últimas consecuencias un viejo mito de la izquierda (los cañeros y sus marchas) que no tiene razón en la realidad de hoy. Como dijo Julio Preve, ex Director de la Oficina de Programación y Política Agropecuaria (Opypa) y columnista del suplemento Economía y Mercado, "la caña de azúcar plantada en Bella Unión constituye una rareza comparable a sembrar trigo en el Sahara o maíz en Groenlandia. Es posible, siempre hay formas de producir en cualquier lugar, hasta con calefacción o aire acondicionado. Y siempre hay un precio para atender a un determinado costo, sólo hay que encontrar alguien que lo pague, libremente o forzado por la política pública".

Algo de eso es lo que ha pasado y continuará pasando más allá del conflicto puntual, porque a pocos kilómetros, en Brasil, el rinde por hectárea de caña de azúcar es dos veces y media mayor (tienen dos cosechas y mejores en el año), no tienen problemas de riegos y han modernizado su sistema de cultivo y cosecha. Como contrapartida, la zona de Bella Unión tiene un periodo de crecimiento limitado por las bajas temperaturas lo que permite sólo una cosecha en el año, exige una capacidad de riego importante, requiere insumos importados, la mano de obra ocupada es por pocos meses y son más peligrosas las inclemencias del tiempo. Pierde por goleada.

Y eso, este gobierno lo sabía cuando hizo su apuesta a ALUR, una apuesta que años después no se sabe a ciencia cierta cuánto fue, es y será, porque las carretillas de dólares siguen llegando a Bella Unión.

No alcanza con que el consumidor pague el azúcar unos tres o cuatro pesos más por kilo que si se importara directamente (esto corre también para los que ingresan el producto crudo y con un simple proceso de refinación lo convierten en blanco y lo venden al consumidor), que en el universo de 60 mil toneladas que se consumen (60 millones de kilos) arroja un total cercano a los $ 240 millones o 10 millones de dólares. El tema es que este agujero negro, así como está planteado, no tiene perspectivas de cerrarse, sino de crecer. La tendencia es que el precio del azúcar en Brasil tiende a bajar y aquí a subir, porque con este sistema de producción y en las situaciones adversas que se realiza, es muy difícil reducir costos.

El único ingreso redituable de ALUR es la venta de 7.000 toneladas a Estados Unidos -parte de la que antes del embargo compraba a Cuba-, que exige que sea auténtica y completamente industria nacional, que dio lugar a un comentario del senador Abreu en una interpelación al ministro de Industrias: "si no fuera porque los Estados Unidos están bloqueando a Cuba, no sé qué sería de CALNU, que en este momento está exportando 7.000 toneladas, simplemente porque aquel país quiere asegurarse de que la refinación se haga en el Uruguay y de que no se triangule azúcar proveniente de Cuba, para asegurar el bloqueo. ¡Pobre Sendic; terminó bloqueando a Cuba!".

No hay dudas de que la llegada de ALUR le ha dado a Bella Unión -una ciudad castigada por dificultades y penurias- un cierto florecimiento. Se dirá también que ALUR no es solamente la caña sino un "complejo industrial zucro-alcoholero" en el cual invirtió también dinero la venezolana Pdvsa, para generar un carburante nacional (¿qué le haga competencia al petróleo de Pdvsa?) e incorporar la generación de energía eléctrica. Pero lo cierto, mientras se espera que eso ocurra, lo que ALUR paga a los productores no les alcanza para subsistir, piden mejores precios que, después, serán trasladados a los consumidores aunque sea el equivalente a tres kilos de azúcar brasileña. Entonces, aclaremos: ¿se trata de una inversión de todo el pueblo para mantener el mito cañero de la izquierda? Que se diga. ¿Es una obra social, una manera encubierta de ayudar a una castigada zona del país? Lo correcto sería invertir el dinero en redituable educación y no en una bolsa rota.

Ahora, si esto es un buque insignia… el resto de la flota no pasa de barquitos de papel.

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