Sumergidos en pleno carnaval electoral, todos los electores saben ya -mediante la profusa propaganda radial, televisiva y callejera- cual es el jingle de cada candidato, sus números de listas y los sutiles eslóganes con que procuran atraer hacia sus respectivos molinos los votos que los sitúen el 28 de junio en la candidatura única partidaria. Hay ciudadanos que procuran escarbar un poco más allá de esa laminada superficie y atender a las opiniones que cada candidato formula en los temas más comprometidos. O en sus respectivos programas de gobierno, cuando los tienen.
El elector que haya hecho ese análisis, observará que los temas más manidos por los candidatos son: obviamente que la seguridad pública (dañada por los comportamientos de los dos últimos ministros del ramo, ya suficientemente calificados), la edad de imputabilidad (consecuencia de lo anterior), los planes de vivienda, el empleo, la política de inversiones y el IVA. En una escala más abajo aparecen planes referidos a la problemática juvenil, sus posibilidades de empleo y ciertos incentivos a empresas para que empleen a una juventud que hoy ocupa la franja mayor de la desocupación, con el 63% del total del país según estadísticas del programa ProJoven.
Cuando el tema lo tratan, está claro que los candidatos abordan con notoria preocupación el desempleo entre los jóvenes, lo que está muy bien, y alguna propuesta se formula, aunque con generalidades. Lo que no hemos visto, empero, es abordar el tema segmentando a esa juventud, porque no es lo mismo un joven de escasa preparación que un recién egresado universitario. Y obviamente que los planes deberían ser distintos.
Ahondemos en el tema de los recién egresados universitarios. Entre ellos deberían estar los futuros empresarios del país. Se sabe que un país sin buenos empresarios adolecerá de un aspecto importante en su relacionamiento con el exterior o en la mecánica con que pretende involucrarse en el comercio internacional. No es casualidad ni capricho que cada presidente de la República que haya pretendido obtener beneficios para el país en un viaje al exterior se haya hecho acompañar por un puñado de empresarios.
Pues bien, dejando inclusive de lado a los actuales candidatos, ¿qué ha hecho el Estado por incentivar a los jóvenes egresados de las universidades a convertirse en exitosos empresarios? Muy poco. O nada. No sólo no existen incentivos tributarios a quienes siendo jóvenes menores de 30 años (por ejemplo) pretendan formar una empresa sino que, al contrario, tanto la DGI como el BPS le aplicarán en forma inmediata su perverso mecanismo de "succión" impositiva. A vía de ejemplo, una SRL que pretendan formar tres recién egresados universitarios en cualquier rama, deberá aportar a la DGI 12 mil pesos por costo de incorporación, tributará IRAE sobre 3,3% de la facturación o el 25% de la utilidad neta. Desde su primera factura debe pagar unos 2 mil pesos por mes hasta cierre de balance en concepto de anticipos de IRAE y también el 1.5% en concepto de impuesto al patrimonio sobre el patrimonio de la empresa a la fecha de balance.
Agreguemos el BPS: el costo para la empresa de un empleado que perciba 7 mil pesos líquidos será de 3 mil pesos aproximadamente, mientras que cada socio debe aportar por el máximo sueldo de la empresa. Y suponiendo que el sueldo máximo sea el salario mínimo (5 mil pesos) el monto a pagar al BPS por ese sueldo es de 1.156 pesos. Y para colmo, en tal caso, no tienen derecho a mutualista.
Si en lugar de una SRL se decidieran por una Sociedad Anónima, deberán saber que los costos se dispararán.
En fin, ¿alguna gracia especial por tratarse de una empresa recién formada por jóvenes menores a los 30 años? Ninguna. ¿Es arriesgado que con esos números de "succión impositiva" dos, tres o cuatro compañeros universitarios se unan procurando formar una empresa una vez recibidos? Sí, enormemente arriesgado. ¿Es consecuente con un país que pretende modernizarse el hecho que no le importe la formación de empresas jóvenes? No, por cierto que no lo es. ¿Es posible que alguien entienda la importancia que puede tener incentivar a jóvenes egresados menores de 30 años a formar una empresa, otorgándole cierto tiempo de gracia con la DGI y el BPS? Sí, la idea debería ser parte de los programas de gobierno futuros.