El intendente de Canelones, Marcos Carámbula, actualmente de licencia, recorre el país como si estuviera subido a un púlpito para dar sermones sobre la pulcritud que deben ostentar los gobernantes en el manejo de las cuentas públicas. Aunque lo hace como precandidato para las elecciones internas, de sus palabras se desprende una intención moralizadora de la función pública. Sería una prédica digna de encomio si la administración de Canelones fuera un modelo de virtudes para las demás intendencias.
Pero no es así. Carámbula, que volverá a ocupar su cargo de intendente pasadas las internas, va en camino de acumular dos denuncias penales suscitadas a propósito de su gestión. Una ya está en el juzgado y tiene relación con el "pasamanos" de una antigua deuda de la comuna canaria que un empresario particular negoció y compró por un millón de dólares, para vendérsela a la intendencia por valor de un millón seiscientos mil dólares. Lo llamativo del caso es que el veloz tránsito de esos documentos -con una ganancia colosal- se hizo en el mismo día con un particular que se encontraba en negociaciones con la intendencia de Canelones.
La segunda denuncia penal, cuya presentación se anuncia, la hará el diputado nacionalista Richard Charamello, a partir de reiteradas observaciones formuladas por la auditoría del Tribunal de Cuentas a la administración canaria. Se trata de la falta de certificados de pago, recibos o boletas correspondientes a más de 100 millones de pesos relacionados con gastos de directores y de funcionarios de confianza. También se menciona la existencia de una "caja chica" de donde se extraería dinero sin que existan comprobantes. El Tribunal de Cuentas había reportado las situaciones irregulares al intendente Carámbula en el año 2007 y volvió a hacerlo recientemente, sin obtener resultados hasta el momento.
Notificado de estas denuncias, Carámbula se defendió alegando que sus cuentas están muy claras y que así lo demostrará en las instancias judiciales. Ojalá que así sea porque, de ocurrir lo contrario, quedará en evidencia que lo que predica desde el púlpito no lo cumple en el ejercicio de sus funciones.