Hasta el pasado sábado Alexander Rybak era un nombre reservado para sus connacionales noruegos, pero al triunfar en el concurso Eurovisión se ha producido una proyección internacional casi instantánea. Tanto que el propio jovencito de 23 años todavía no puede dimensionar el paso que ha dado. "Dios mío, ¿qué he hecho?" se preguntaba cuando al llegar el domingo de noche a Oslo, había en el aeropuerto más de 5.000 personas esperándolo con un fervor que el país no veía desde hacía mucho tiempo.
El reconocimiento no paró allí porque ayer mismo Rybak era recibido por el primer ministro Jens Stoltenberg en una recepción festiva planeada en la ciudad de Nesodden.