ALEXANDER LALUZ
Esta noche la música contemporánea vuelve a tener su histórica cita de los días miércoles. El Núcleo Música Nueva inicia su temporada 2009, con un concierto de cámara en la Sala Zitarrosa, a las 20 h, que celebra los 80 años de León Biriotti.
El programa que se escuchará en esta apertura tendrá como protagonistas exclusivos a seis compositores uruguayos de distintas generaciones, y un francés que hace varios años se radicó en nuestro país. Ellos son: Fabrice Lengronne (1963), Ulises Ferretti (1953), Daniel Maggiolo (1956-2004), Renée Pietrafesa (1938), Juan José Iturriberry (1936) y el homenajeado León Biriotti (1929).
Las interpretaciones estarán a cargo de un nutrido grupo de instrumentistas locales: los pianistas Emiliano Aires, Miguel Marozzi y René Pietrafesa, el guitarrista Vladimir Guicheff y el grupo Interpresen que actuará bajo la dirección de Biriotti.
Después de cuatro décadas de una saludable y testaruda vocación de difusión, estos datos sumarios deberían alcanzar para presentar un programa del Núcleo Música Nueva. Pero la realidad demuestra que no todo es tan lineal en materia de arte. Y mucho menos si se habla de vigencias, permanencias y esfuerzos que tienen más de vocacional que de negocio del espectáculo.
En todo este tiempo, los ciclos del Núcleo se han constituido en uno de los pocos espacios dedicados a promover la creación "culta" (y también las que pertenecen a esa fértil frontera con lo popular) musical contemporánea. Y en él los compositores uruguayos y latinoamericanos han ocupado un lugar privilegiado, de los que tendremos una buena muestra en el concierto de esta noche en la Sala Zitarrosa.
La marca de León. Es verdad que la llamada música contemporánea carga con demasiados estigmas. Se la considera "extraña", "hermética", "difícil". Y en algunos casos esos calificativos son bastante acertados. Sin embargo las excepciones, a pesar de confirmar la regla, tienen un valor que merece ser atendido. Tal es el caso de la extensa obra de León Biriotti, que hoy será homenajeado por sus 80 años de vida.
Inquieto, y siempre activo en la creación y la interpretación, Biriotti ha sabido conectar, al igual que otros compositores como Héctor Tosar y varios de sus discípulas, a la música uruguaya con las corrientes de vanguardia del Primer Mundo. Pero al igual que sus colegas de generación, también ha sido muy críticas con esas corrientes y ha bregado por la definición de un lenguaje con voz propia.
Esa vocación de búsqueda, como él mismo lo reconoció en diálogo con El País, es una herencia de su tiempo de estudio con el español Casal Chapí, durante los años `50. Este maestro español, radicado en Uruguay por muchos años, le dio las armas para despegar en la composición, un campo que desarrolló con el mismo virtuosismo que su técnica en el oboe. Luego, en los años sesenta y setenta, esa base formativa se profundizó con su estancia en el Instituto Di Tella de Buenos Aires y también en los cursos de verano de Darmstadt, Alemania.
La música de Biriotti ocupa un sitial de mucha importancia (junto con la de Tosar o Fabini), en la historia de nuestra música culta. Mérito conquistado por su preocupación por la buena factura formal, y la definición de un lenguaje de gran potencia comunicativa.
Una vida dedicada al arte
León Biriotti (1929) es un virtuoso del oboe, solista impecable y reconocido por su calidad como músico de orquesta. También desarrolló, aunque no de manera preponderante, la carrera de director. Su trabajo como compositor se inició bajo la tutela de Casal Chapí, en los `50, y luego con Alberto Ginastera en Argentina, y el gran Gyorgy Ligeti en Alemania. Sus obras han sido estrenadas tanto en Uruguay como en el exterior.