El asesor de comunicaciones de la ministra del Interior, Enrique Rivero, está molesto con El País porque desde aquí se hizo público sus intentos de entorpecer la cobertura de una información. Salvo que exista algún episodio o alguna orden que desconocemos, para él es un problema personal. Como tal lo respetamos, y si quedó molestito y no quiere hablar con El País está en todo su derecho. Pero lo que no su justifica de ninguna manera es que a partir de esa situación y usando su cargo, se haya bajado orden a todos los jerarcas policiales para que no informen a El País, absolutamente de ningún tema. Allí la cosa cambia y parece más un abuso de funciones.
Esto es una actitud pequeña, rencorosa y peligrosa por todo lo que encierra. Y permitirla, es ampararla y compartirla.