Washington
En un rotundo rechazo al presidente afgano, el asesor de seguridad nacional del presidente Barack Obama dijo ayer que Estados Unidos no suspendería sus ataques aéreos en Afganistán, pese a que muchos los culpan de numerosas muertes de civiles.
El general retirado James Jones dijo que continuará tomando decisiones militares basadas en la mejor información de inteligencia disponible. Se negó a descartar acciones y alegó: "No podemos pelear con una mano detrás de la espalda".
El presidente Hamid Karzai dijo que recientes bombardeos y ataques aéreos estadounidenses en la provincia de Farah pudieran causar la muerte de hasta 130 civiles. Esas misiones, dijo, crearon nubes de sospechas sobre ocho años de batallas encabezadas por EE.UU. en Afganistán. El Talibán retomó en los últimos años el control de hasta 40% de Afganistán, lo que aumenta y extiende la violencia a Pakistán. Se piensa que Bin Laden y su lugarteniente Ayman al-Zawahiri siguen prófugos y que están en el lado paquistaní de la frontera.
Jones reconoce las dificultades que enfrentan las tropas estadounidenses que combaten al Talibán. Dijo que esa organización no titubea en usar a civiles como escudos humanos. "Tenemos que ser cuidadosos para asegurarnos de que no herimos ni matamos innecesariamente a civiles", dijo.
El general David Petraeus, jefe del comando central estadounidense, fue menos directo cuando se le preguntó sobre la demanda de Karzai. "Tenemos que examinar la situación, asegurarnos de que nuestros comandantes entienden las sutilezas de la situación, su complejidad y hagan lo apropiado``, manifestó. Ap