EL PAÍS DE MADRID- MADRID | ANA G. ROJAS
Ha oscurecido y en el asentamiento de Garib Nagar, al Norte de Bombay, se ha ido la luz. Poquísimas velas maldibujan los estrechos callejones por los que corre un riachuelo que lleva todo tipo de desechos emanados de las precarias viviendas.
En la penumbra aparecen un par de ojos: brillantes, enormes, inocentes. Son los de Rubina Ali, la niña que, a sus 9 años, es `el orgullo` del barrio. Aquí vive una de las protagonistas de la película ¿Quién quiere ser millonario?, la misma que el 22 de febrero saltó a la fama mundial cuando el film fue premiado con 8 Oscar.
Para encontrarla desde la estación ferroviaria sólo hay que mencionar su nombre. "Rubina vive por ahí", señalan unos policías en la congestionada entrada del asentamiento, al tiempo que advierten: "Pero cuide su cartera y su celular".
La niña juega con sus amigos, aparentemente ajena al gran escándalo que ha estallado a su alrededor. Con la fama también le ha llegado la desgracia. Un semanario sensacionalista británico, News of the World, publicó que su padre había querido venderla por 226.695 euros. De acuerdo con esa publicación, el padre de Rubina, Rafiq Qureshi, mordió el anzuelo y pidió dicha suma a un reportero que le había tendido una trampa, haciéndose pasar por el representante de un jeque saudí interesado en ofrecerle dinero a cambio de darle a la cría en adopción. Justo este mismo argumento lo utiliza el padre para negarlo todo. "¿Cómo iba yo a dar por cualquier precio a mi hija, la estrella de cine?", asegura a la enviada de El País. Renuente a hablar en un principio, sale de la casucha -completamente a oscuras en el interior- y poco a poco toma confianza. Dice que no se arrepiente de haber dejado actuar a la hija en la película porque todo había salido bien hasta la aparición del reportaje. "Si hubiera sabido que se quería llevar a mi hija, lo hubiese matado", asegura el padre, en referencia al reportero que se hizo pasar por representante de un jeque. Las palabras de este carpintero, que tiene ahora 36 años, más alto y fornido que el promedio de los indios, se interrumpen cuando tiene que extender un par de monedas al vendedor al que la pequeña niña del Oscar ha arrebatado un algodón de azúcar.
Rafiq considera que ha "ganado amor, respeto y fama, pero no dinero" tras el éxito de la película. Y niega las acusaciones de querer lucrar con su hija: "Están explotando nuestra pobreza y a mi niña para hacerse publicidad", dice, en referencia al semanario sensacionalista británico. "Pero no son más que un tabloide, no tienen credibilidad", refunfuña.
Frente a esta tajante versión, otra persona muy ligada a Rubina apoya la hipótesis de que probablemente había intención de venderla: se trata de la propia madre de la niña, Khursheed Kureshi, separada del padre desde hace cinco años. Sentada en un restaurante a las afueras de Bombay, la madre de Rubina, que tiene 27 años de edad, afirma que el padre es "capaz de todo". Cuenta que lo dejó porque constantemente le pegaba y le era infiel; jugaba a las cartas y ella tenía que trabajar duro como empleada doméstica para poder pagar sus deudas.
Khursheed, la madre, es analfabeta y no tiene televisión. Dice que sus vecinos le informaron del escándalo de la supuesta venta y, en cuanto pudo, ella acudió a la policía. Asegura que ya había oído una versión sobre la venta de la niña a su otra hija, Sana, de 12 años, la hermana mayor de la actriz, aunque en principio no le había dado mayor importancia. Sana, por su parte, afirma que cuando vivía en la casa de su padre oyó que negociaba un precio por ella. "Cuando le pedí que no se deshiciera de mi hermana, me golpeó y me dijo que me callara", cuenta.
Para la hermana y la madre de Rubina, la conducta del padre se ve empeorada por su nueva esposa y su familia. "Los Oscar nos trajeron el orgullo de ver triunfar a mi hermana, pero también nos han traído la desgracia de que nuestros familiares se han vuelto muy codiciosos", dice la hermana. Cuando la familia de Rafiq se enteró de que podía recibir dinero a cambio de Rubina, en lugar de disuadirle, le pidieron "su trozo de torta", según la madre de la pequeña actriz.
El miércoles de la semana pasada, cuando El País acudió al asentamiento de Bombay, quedó claro que Rubina sigue durmiendo en el piso desnudo de una casa de hojalata de cuatro metros por cuatro, que no se viene abajo de puro milagro. Aparte de alguna ropa guardada en bolsas de plástico, en el interior sólo hay unos cacharros metálicos, un televisor y un ventilador. Eso sí, por todo el poblado se escucha constantemente la canción Jai Ho, que le dio una de las es-tatuillas a la película y que se ha convertido en un verdadero himno para el asentamiento.
PROMESA. Los niños de la película recibieron una promesa: la de mayores recursos para una vida mejor. Lo aseguró el equipo de producción de ¿Quién quiere ser millonario?, incluido el director británico del film, Danny Boyle. No ocurrió nada durante las primeras semanas tras la concesión del Oscar. Pero justamente la semana pasada se creó el fideicomiso Jai Ho -otra vez el nombre de la canción-, que "está en contacto regular con las familias de los dos niños", según uno de los miembros de su consejo, Noshir Dadrawala.
En teoría, ese fondo se ocupará de mudar a las familias de los pequeños a casas apropiadas, les dará una mensualidad suficiente para que cubran sus gastos, les pagará la educación a ellos y a sus hermanos; y cuando Rubina y Azharuddin cumplan 18 años se les dejará decidir si quieren continuar con sus estudios. En caso contrario, se les dará un dinero para que puedan comenzar algún negocio.
Pero Dadrawala no revela la suma con la que cuenta el fideicomiso. "No queremos que se vea a los niños como acreedores de este dinero y que aumenten los problemas por ello", explica. Hace pocos días, el equipo de ¿Quién quiere ser millonario? también donó 561,747 euros a Plan India, una ONG que promueve el desarrollo infantil. La donación se centrará en las necesidades de educación y salud de otras 2.000 familias en una zona marginal de Bombay.
Un representante del fondo de Jai Ho asegura también que un consejero familiar comenzará a visitar a la familia de Rubina, "para ayudarles a resolver sus problemas". Y añade: "Somos conscientes de que toda esta fama y otros problemas les están afectando emocional y mentalmente". Aunque la ayuda comenzará a partir de mayo, asegura que las dos familias ya han visto un par de opciones de casas para ser realojados.
Pero el padre de la pequeña actriz lo niega todo. El jueves pasado, nueva visita a la chabola: Rafiq dice que ni siquiera ha oído mencionar la existencia de las ayudas. Tampoco está seguro de que un millonario indio residente en Doha, A. R. Vanoo, cumpla la promesa que le hizo de apoyar los estudios de Rubina. "Yo ya no creeré nada hasta que sean hechos y no sólo palabras", argumenta Rafiq.
Saca todo su orgullo para asegurar que él puede arreglárselas con el dinero que gana, "pero, claro", reconoce, "mi familia estaría mejor con un poco más de dinero si alguien nos lo quiere dar". Inshallah, repite constantemente, la forma de los musulmanes de decir que Alá decidirá. No todos se fían de él: un vecino, que prefiere no dar su nombre, apunta que tal vez el padre está ocultando las ayudas que está recibiendo, para que sigan llegando más.
Al margen de la conmoción, Rubina se muestra feliz con su familia. Dice que lo único que ha cambiado tras ¿Quién quiere ser millonario? es que ahora recibe muchas visitas y que todos la reconocen en el asentamiento, la saludan y quieren estar con ella. "Sólo quiero seguir siendo actriz, una se siente muy bien", dice mientras devora un chocolate. "Esta pequeña es como nuestra reina, nuestra representante", afirma un vecino, Sheik Ranzan. A su corta edad, la fama no sólo ha traído a Rubina cosas buenas.
El tráfico de niños indios hacia el Golfo
La policía india concluyó la investigación sobre la supuesta venta de Rubina el jueves de la semana pasada y cerró el caso. Según la agencia Associated Press, el inspector Rahim Shaikh declaró: "No hubo intercambio de dinero. Rubina está aquí. No hay delito".
Pese a que la policía no culpa a Rafiq, los defensores de los derechos humanos piden que la investigación continúe: "Estamos preocupados por la niña porque es muy pequeña para manejar todos estos problemas. Además, debemos lograr que se proteja su privacidad", afirma la directora de la Comisión Nacional para la Protección de los Derechos de los Niños, Shantha Sinha, quien reconoce que, al margen del caso de Rubina, existen redes de tráfico organizadas que se llevan a niños indios para venderlos en los países del Golfo.
"Sobre todo, niñas, para que se dediquen a la prostitución, para casarlas, para servicio doméstico", asegura. A su juicio, la pobreza no es la única causa del tráfico de niños en India: porque también la sociedad lo permite con la falta de normas, y de instituciones fuertes.