Los inspectores de tránsito de Canelones están en conflicto y hacen paros porque tres de ellos sufrieron agresiones a golpes.
Es evidente que las golpizas no son la manera correcta de expresar discrepancias con las conductas de los controladores de la circulación vehicular. Son condenables, como lo han sido otras formas violentas de enfrentar a los inspectores. Formas cuyo extremo más violento fue el espantoso homicidio de un inspector montevideano, registrado hace unos años.
Pero aun así, corresponde señalar que las actitudes descomedidas e injustificables de quienes entienden no ser tratados en la forma debida por los inspectores, en cierta manera, o tal vez en ciertos casos, reflejan una realidad: que los inspectores de Montevideo, Canelones y tal vez de otros Departamentos, no siempre cumplen su función con corrección.
Su función es educar y corregir. No meramente aplicar multas a quienes ellos entienden que han violado normas de tránsito. Multas que se desploman sobre el afectado sin diálogo, sin la labor docente que debería ser emblema de la competencia funcional. Multas que por lo menos en el caso de Montevideo, a menudo son informadas al afectado recién cuando va a pagar la patente y ya no tiene la más remota idea de cuándo y dónde le fueron aplicadas.
Se dice que los inspectores de Canelones no descartan pedir protección policial. Ellos ya trabajan en pareja para lograr lo que el director de tránsito canario definió como "mayor seguridad". Pero esto no parece serles suficiente. Tal vez ocurra eventualmente lo que ya se ve en Montevideo: más que en parejas, circulan en tríos, por lo cual han aparecido jerarcas comunales que dicen que hay que nombrar más.
Es probable pues que lo esencial no sea tanto el fortalecimiento de las custodias para que los inspectores puedan continuar en su tesitura actual, sino instruir a estos funcionarios en una nueva manera de actuar, en un estilo mucho más humano, que vaya hacia un diálogo constructivo. No es mucho pedir. Al fin de cuentas, ya hoy tienen la sutileza de diferenciar su accionar si el que comete la infracción es un automovilista o un piloto de carro tirado por caballos.