La relación personal del senador Mujica con el matrimonio Kirchner es excelente. Hasta se podría decir que carnal.
En momentos de mayor tensión entre aquel gobierno y el de Vázquez o si se quiere entre el gobierno argentino y el uruguayo, Mujica cruzó el charco en reiteradas veces, fue recibido en Olivos, departió con la presidenta Cristina Fernández y Néstor Kirchner, se sacaron fotos muy sonrientes y sus declaraciones fueron siempre del tenor de que aquí no pasa nada o "son problemas personales". Parecería que le molestaba que el presidente Vázquez, en su enfrentamiento con Kirchner primero y Fernández después, hubiera logrado el 100% del apoyo político del país. No hubo renuncios de blancos, colorados o independientes a la hora de darle el respaldo al Presidente. La única nota disonante fue la de Mujica y su personal acercamiento al matrimonio de Olivos, que se acentuó con la proximidad del año electoral, dada la importancia que pueden llegar a tener los uruguayos que viven en la Argentina a la hora de votar. Una de las obsesiones de los Kirchner, fue terminar con la legislación nacional en el tema del secreto bancario, con el argumento de que perjudicaba a la Argentina. Ese "perjuicio" se agravó luego de que Uruguay se negara a votar a Kirchner para la Secretaría de la Unasur (su pasividad ante tres años con los puentes cortados era alevosa) por lo que el gobierno de Olivos arreció en sus presiones para que se incluyera a Uruguay en la lista de los pérfidos paraísos fiscales. Y lo logró.
La pregunta que se impone es, ¿estaba el senador Mujica al tanto de esta nueva embestida argentina? ¿Sabía que con los vientos de la crisis a favor podría alcanzar su sueño? ¿Sabía de los daños que eso significaba para el país? ¿Le constaba si el gobierno uruguayo estaba enterado de que "la mano venía torcida"? ¿La avisó? ¿Tenía conocimiento de que una simple nota -como la que se envió y solucionó el tema en 24 horas- era suficiente para lograr la calma? ¿Mujica forma parte de este gobierno? Hasta donde sabemos, Mujica habló de terminar con el secreto bancario y luego que cayó la guillotina sobre el país, su comentario fue "es una victoria que no me gusta".