El sistema carcelario necesita solucionar dos problemas serios. En primer lugar, debe mejorar las condiciones en que los presos purgan sus condenas. En segundo término, es impostergable aumentar la capacidad locativa, pues existe una demanda claramente insatisfecha. Cuando se aprobó la absurda ley de humanización de las cárceles, simplemente se liberó anticipadamente a unos 800 delincuentes, haciendo caso omiso que, de esa manera, se agravaba el problema de la inseguridad pública. Así ocurrió. Y en las cárceles rápidamente se llenaron "esas plazas". A un año y poco, hoy hay más presos que cuando se aplicó la ley; y un número indeterminado de delincuentes libres en las calles que deberían estar tras las rejas. Es obvio que faltan más cárceles, y hay que abocarse a construirlas.