Plan Cardales

Verdad que el Plan Cardales suena bien, así de entrada? Suena a cardo, suena a campo, a olor de pradera, a actividad rural. Aunque en realidad es una sigla que responde a Convergencia para el Acceso a la Recreación y al Desarrollo de Alternativas Laborales y Emprendimientos Sustentables. Nada menos, pero algo más. A partir de esto, el rótulo ya resulta más críptico, pero con todo, algunas de las palabras que lo componen no caen mal, no provocan rechazo. Sin embargo, si se profundiza un poco en esta enigmática denominación, da para preocuparse. Para alarmarse bastante, porque sin que los uruguayos nos percatemos mayormente de lo que está armando el actual gobierno, siendo las caras visibles del proyecto el Sr. Brechner, director del LATU y su asesor el Sr. Porto, el Uruguay va camino de hacerle la competencia al Sr. Chávez y hasta de superarlo, en cuanto a control de medios audiovisuales, telecomunicaciones y fortalecimiento del monopolio estatal.

Claro que la presentación del modelo, originado en decretos preparados en tiempo récord, está adornada con el típico discurso populista de la "inclusión social". De la sana intención de llegar a miles de hogares que no tienen acceso a la televisión para abonados ni para Internet, objetivos con los cuales nadie va a estar en desacuerdo. Inquietudes sociales como las que han promovido, el Mides, con su indisimulada carga de clientelismo o la reforma de la Salud, con su centralización que permite que desde el Estado se domine la totalidad del espectro de los servicios médicos, (la prohibición de importar el sistema PET para detección precoz del cáncer que particulares pretendían traer), todo lo cual se presenta dentro de un atractivo envoltorio; avanzar tecnológicamente, contribuir al crecimiento económico y al desarrollo social.

Ello a pesar de que hace varios años las empresas de televisión para abonados, por ejemplo, reclamaron infructuosamente, acceso al cable módem para poder ofrecer Internet a sus usuarios, lo que hubiera sido un adelanto en beneficio de los clientes y les hubiera dado tiempo a la cableras locales, para prepararse para competir con otras empresas que decidieran actuar en nuestro medio. Ahora que han empezado a oírse protestas desde ciertos sectores, se anuncia que los cables podrán dar Internet gracias al plan Cardales y prestar dicho servicio por lo que se conoce como cable módem, siempre y cuando firmen los contratos de adhesión. Los que se les van a imponer desde el gran controlador. Y el que no se avenga a las condiciones exigidas, (de lo que poco o nada saben) quedarán automáticamente fuera de carrera. Los firmantes recibirán entonces, la capacidad de transmitir.

Al mismo tiempo Antel hará competencia implementando la IPTV; televisión por banda ancha en protocolo de Internet, por el cable telefónico que es parte de su monopolio. El Ente es el único que realmente puede ofrecer el sistema triple play, los tres servicios en una sola red, (no por un motivo tecnológico sino regulatorios) que no es lo mismo que brindar las tres opciones en un paquete comercial, pero en redes separadas. O sea que las empresas privadas que operan en nuestro territorio, tendrán que competir con la empresa monopólica. Se percibe cada vez más nítidamente la visión dirigista que hay detrás el armado de este esquema, en coincidencia con una postura ideológica que busca crear dependencia, otorgar favores a cambio de algo.

El proyecto que hoy impulsan es claramente atentatorio de la libertad, pues apunta al control de los medios, del mensaje y de los contenidos. A diferencia de lo que pasa en el resto del mundo, y mismo en el resto de América, donde diferentes empresas ofrecen estos productos triple play. Inclusive en Venezuela es así. Por lo que los gobiernos populistas y autoritarios lo que hacen en estos días, por ejemplo el Sr. Chávez, es "comprar" empresas privadas para dar servicios públicos. Cabe además preguntarse, cuánto dinero va a costar, cuántos millones de dólares, la puesta en práctica de este plan y por qué lo tenemos que pagar todos los habitantes, con el dinero que sale de nuestros bolsillos a través de los impuestos. ¿No sería más lógico que fuera el sector privado el que lo haga? Y para lograr la universalidad, (que llegue a todos lados, aun a lugares poco rentables) no es imprescindible que el servicio sea estatal. Esa penetración se puede lograr por otros medios, vía subsidios, incentivos especiales, la creación de un fondo.

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