Poco relieve tuvo la reciente visita a Montevideo del Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza. Su anuncio más llamativo -y a la vez despistado- fue proponer el retorno de Cuba al sistema interamericano, ignorando flagrantemente que en esa organización rige la llamada cláusula democrática, es decir, la obligación de que sus estados miembros respeten las formas democráticas de gobierno. Cláusula que coincide y valida el mensaje de la Doctrina Larreta, presentada por Eduardo Rodríguez Larreta, fundador de este diario, en 1946.
Al parecer, Insulza ignora las resoluciones de la Asamblea General de la OEA que consagraron esa norma. En 1962, Cuba fue excluida de la organización por su decisión de exportar su revolución fomentando la lucha armada en países de la región. Uruguay, por la vía de los tupamaros amparados y entrenados en La Habana, fue una de las víctimas de esa política. Insulza, socialista puro y duro como suele presentarse, quiere darle la bienvenida en la OEA a una dictadura de plomo que se niega a cambiar y que nunca se arrepintió de sus malos pasos.
Hace pocas semanas, Insulza resignó su candidatura a la presidencia de Chile por la Concertación gobernante después de dedicarse de lleno, a lo largo de 2008, a hacer campaña política en su país procurando ser electo para suceder a Michelle Bachelet. Por esa razón se lo acusó de que usaba la OEA como plataforma de lanzamiento de su candidatura, al tiempo que se lo criticó por desatender sus obligaciones al frente de esa organización.
Ahora, alejado de la carrera presidencial, aparece haciendo méritos con Raúl Castro y su nuevo gabinete. Dice que no tiene sentido mantener a Cuba fuera de la OEA y que su exclusión es un resabio de la Guerra Fría. Sostiene que el carácter marxista de su régimen no es impedimento para acoger a Cuba en la organización, olvidándose, de manera inaudita, que los miembros de la OEA deben adherir al sistema democrático de gobierno.
Antes de afanarse por reintegrar a Cuba, más le valdría ocuparse de lo que está pasando en Venezuela o en Nicaragua, países gobernados por Hugo Chávez y Daniel Ortega, quienes se definen como acólitos de los hermanos Castro.