Quizá no se refleje -todavía- en las encuestas de intención de voto. Sobre todo si éstas no fueron relevadas, como seguramente habrá sido así, en fecha muy próxima a acontecimientos de trascendencia electoral de ocurrencia reciente, como lo han sido el cambio del mapa geográfico del Frente Amplio (alterado por la aparición de la tercera candidatura encarnada en Marcos Carámbula) y algunos movimientos internos dentro del Partido Nacional, en lo que hace a la relación entre sus dos candidatos a la vez que cruzamientos de una columna a la otra que se han producido, y otros que se anuncian.
De toda esta turbulencia política, las mayores interrogantes se plantean dentro del Frente Amplio. Hay quienes creen, y probablemente sea cierto, que "la influencia directriz" del Presidente de la República ha jugado para lanzar a Carámbula al ruedo. Es probable, porque difícilmente el Intendente de Canelones, de no haber recibido un empujón del escalón superior se hubiera lanzado a esta carrera que tiene mucho de aventura al no contar con otra base sectorial que el de la Vertiente Artiguista (que está jugando los últimos cartuchos de su supervivencia política) y otras personalidades de muy relativo peso de la izquierda.
Es dudoso que esta suerte de aparición, decidida tan rápidamente, si tuviera éxito -lo cual tampoco se puede dar por hecho desde que las candidaturas presidenciales no nacen ni se galvanizan improvisadamente como ha sucedido con esta- terminará sacándole más votos a Mujica que a Astori. Al contrario, a primera vista, por una cierta similitud de perfiles, da la impresión que Carámbula está más cerca de Astori, por lo cual su presencia le sacaría votos a éste en beneficio del Senador tupamaro, lo cual haría más incomprensible que fuera la iniciativa de Vázquez la que se hizo valer.
Tampoco está claro qué efecto puede producir en las bases y militancia socialista esa decisión de cúpula que le negó el apoyo a una de sus figuras militantes más notorias, como el ministro Daniel Martínez, para dárselo a un extraño, como lo es Astori. Si se tuviera que definir en dos palabras la situación del Frente de cara a la lucha electoral, son las de desconcierto e incertidumbre. Pero de ninguna manera se les puede descartar. Siempre se ha caracterizado por superar sus problemas intestinos, propios de su condición de coalición de partidos, aunque también es verdad que nunca se han encontrado en una encrucijada así, acusándose entre ellos de no tener ideales democráticos, de "belinunes", "charlatanes" y demás.
En contra partida, dentro del Partido Nacional las cosas funcionan. Existe paridad entre los dos candidatos, uno se pasa al otro en las distintas encuestas, y si bien los sectores compiten, un periodista de la jerarquía de Tomás Linn en su columna de "Búsqueda del 12 de febrero, resalta la marcada afinidad que existe entre los dos equipos que respaldan a uno y otro candidato. Por supuesto que hay diferencias de estilo personal entre Lacalle y Larrañaga, pero varios colaboradores lacallistas hoy están con Larrañaga, y también ocurre a la inversa, y todo naturalmente y sin violencias. Entre los dos sectores blancos no hay diferencias ideológicas. No ha sido feliz la idea de atribuirse ocupar el centro o la derecha, pues entre liberales demócratas, republicanos, y gobernantes con oficio, estos motes carecen de contenido. Son propios de un lenguaje del siglo pasado que tomó auge aquí en los años sesenta, y que hoy lo único que pueden identificar es entre quienes ubicar al país en el mundo al que pertenece -esos serían "la derecha" y la "izquierda" que lo quiere empantanado en la línea dura y retrógrada de Marx, Mao, Stalin; Fidel Castro, y la otra más moderada que arranca en Batlle y Ordóñez y termina en Maracaná. Discrepan en si anunciar de antemano la necesidad de un gobierno de coalición o esperar los resultados, en la rebaja o no de la edad de imputabilidad de los menores, en si llegado el caso no se necesitará recurrir al FMI, en fin, cuestiones de estrategia, concretas y puntuales.
Por eso es que la paridad ayudará a una mejor votación del Partido Nacional, y el debate enriquecedor lo mismo, pues por algo son dos los candidatos. Todo ello para sorpresa de quienes sin fundamento alguno anunciaron años atrás que el Frente Amplio llegaba para quedarse y que había que esperar veinte años de gobierno de la izquierda.