JAVIER GARCíA
El pasado pesa, pero ya fue. Cada uno sabe donde estuvo, qué hizo y qué no. Detenidos y carceleros de ayer, son hoy parte integrante del mismo Estado democrático, con derechos y deberes que fija la Constitución. El presidente electo, preso de ayer, será el mando superior de las Fuerzas Armadas conjuntamente con otro ex preso que será Ministro de Defensa. Algunos carceleros de antes ofrecerán el saludo militar y se cuadrarán ante la presencia de aquellos a los que custodiaban en un penal. No es una paradoja, es el resultado de un proceso democrático, donde los uruguayos decidimos, votando, quien gobierna. Tan simple y tan profundo como eso.
Algunos tragarán saliva, otros lo verán como una revancha, y la enorme mayoría lo asumirá como el fruto de la democracia. La misma que resuelve con paz, lo que otras sociedades hacen a los tiros.
No obstante la circunstancia será peculiar y requiere mucho tacto. La noticia de que el presidente electo ordenó al futuro ministro de Defensa que el 1° de marzo en su asunción no haya desfile militar, es una decisión equivocada y va en el sentido contrario de la reconciliación. Es una señal de que el pasado está presente en su cabeza. Los militares desfilan en señal de subordinación y respeto al presidente que asume. Es la institución armada que en ese acto simboliza que esas armas solo pueden ser usadas por orden de su presidente y sus mandos legales. Es el militar rindiendo honor a la Constitución. Cuando esa subordinación se rompió, se acabó la democracia.
Mujica será el presidente de todos los uruguayos, de los que lo votaron y de los que no lo hicimos, y también de los militares, de los que eran niños cuando él estaba preso y de aquellos, hoy oficiales, que siendo alféreces quizás lo vieron en un aljibe de cuartel.
Le guste o no a las partes, la cosa es así y la Constitución indica subordinación y respeto. La subordinación es una calle de una sola vía, del militar al mando civil. Pero el respeto es de dos manos, se lo deben las dos partes. La decisión de Mujica de no autorizar el desfile es una decisión política que deja huellas, sobre todo en aquellos oficiales jóvenes que son rehenes de una disputa de "viejos con cicatrices".
Será también la primera decisión, como presidente, con respecto a las Fuerzas Armadas, y es un mal presagio que esté tomada mirando para atrás.
Es funcional, además, a los sectores más nostálgicos de estas mismas Fuerzas Armadas que mandan mensajes de falta de respeto para ese mismo presidente. ¿Quién más que estos prefieren no ver a sus uniformes saludando a Mujica? Mujica les hace, con esto, un favor.
El pasado estará presente el primero de marzo, desgraciadamente. No se puede tapar el sol con las manos, los militares son parte también del Uruguay que Mujica debe presidir. Podía ordenar un desfile austero o a las escuelas militares, pero prefirió el camino de la negación. Le corresponde a él más que a nadie integrar y no dividir. A todos, pero a él más que a nadie, es su obligación constitucional y personal. Que las diferencias sean por un mejor futuro, y no por el peor pasado.
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