Francisco Gallinal
El Partido Nacional, a nuestro juicio con sensatez y prudencia, encaminó el proceso de discusión interna acerca de las causas que determinaron los recientes resultados electorales. No se negó a la autocrítica, que se está procesando, pero lo hace con cuidado, esperando que se aflojen un poco las tensiones y que culmine el periplo electoral que se inició en la elección interna y finaliza con las municipales de mayo próximo.
Ahora bien, encarar con madurez la discusión de los factores que determinaron el pronunciamiento popular de octubre y de noviembre, no significa continuar actuando bajo los mismos esquemas de razonamiento y de presentación como lo hemos hecho hasta hoy. Por una razón muy sencilla, y es que a iguales presentaciones, encares y filosofías, sobrevendrán iguales resultados.
Hay que cambiar, tenemos que empezar a cambiar; también con mucho sigilo y moderación, pero necesitamos comenzar a abrir caminos y opciones diferentes.
Los tiempos nos obligan a iniciar ya este proceso de cambio, de adaptación, de interpretación diferente de la realidad, por la sencilla razón que tenemos elecciones en forma inmediata. Para comparecer a ellas debemos elegir candidatos y, por lo menos, esbozar en forma previa al receso que se viene, cuáles van a ser nuestras cartas de presentación, qué pretendemos hacer desde los gobiernos departamentales y, muy especialmente, como vamos a planificar nuestra inserción y nuestra acción en Montevideo.
Más aún; el problema es Montevideo.
En todos los demás departamentos del país las cosas están encaminadas, tenemos candidatos buenos y en condiciones de ganar o pelear el triunfo; seguramente se van a tejer acuerdos, muy probablemente la gente también va a aprovechar al máximo la libertad de elegir lo mejor para su departamento, y nos tenemos mucha fe para lograr muy buenos resultados.
La gran decisión que el Partido Nacional tiene por delante es Montevideo.
Si la intención es encarar la campaña con candidatos de trayectoria política relevante y destacada, no dudamos un instante en acompañar las propuestas que se han hecho, todas ellas muy positivas. Pero también se deben encarar acuerdos con otros sectores de la sociedad. Debemos pensar otras alternativas, que pasan o pueden pasar por llevar más de un candidato, que pasan por pensar en ciudadanos y ciudadanas ajenos a la vida política, que pasan por romper los moldes que la propia gente ya está derribando. Porque la hora nos exige tener esa mente abierta.
Evaluada y definida la actitud, entonces sí decidir.
Somos de la idea que primero debemos definir hacia dónde vamos, con qué ideas, estilos y actitudes vamos a encarar la elección municipal, cómo avizoramos nuestra relación con la gente, y muy especialmente con el vecino de Montevideo de los próximos años, y cuando tengamos decidido todo esto, entonces sí, proponer los nombres correspondientes. Hasta puede suceder que los nombres, en cualquier hipótesis sean los mismos, por supuesto.
Mantenga y vigile el nivel de debate y recuerde que nuestras Normas de Participación implican obligaciones y responsabilidades.