LEONARDO GUZMÁN
De prisa, el viernes ya será 25 de Diciembre, Navidad.
Su nombre oficial, Día de la Familia, es extracto laico del mensaje cristiano: afirma el amor por sangre y por afinidades que ¡vaya si hace falta recuperarlo en el Uruguay de hoy, erizado de violencia, padres prófugos y desamor a mansalva!
Pero también la Familia cayó del nomenclátor findeañero. Su vigor ha quedado desleído bajo el manto de "Fiestas Tradicionales", incoloro, sin más raíz ni concepto que la costumbre.
Y a pesar de todo, en el Uruguay sigue aleteando la Navidad como símbolo del renacer. Dice demasiadas cosas sobre la tribulación humana como pa-ra que puedan borrarse de un plumazo. Recoge una religiosidad difusa, con más fe que dogma, que hoy regenera cultos ancestrales como Yemanyá, expande el interés por las religiones del Oriente ya no lejano y hasta impulsa inquietudes metafísicas desde la poesía, la plástica y la ciencia.
En eso, el ideario nacional recorre con placidez la misma curva que dibujó con exaltación extremista el fundador del positivismo: Augusto Comte llamó a no creer más que en las ciencias experimentales… y terminó fundando su propia Religión de la Humanidad con "el amor por principio, el orden por base y el progreso por fin".
Menos disparados, todos los que preguntan a fono los porqués de lo que tienen enfrente terminan braceando para encender linternas donde ya no ven: lo hicieron Einstein desde la física, Whitehead desde la matemática, Bachelard desde la química; y lo siguen haciendo Hawking desde el big-bang y Davies retomando en álgebra "la mente de Dios".
La Navidad no es, pues, cosa de viejas beatas como habrían creído los anticatólicos del siglo XX, algunos de los cuales traté mucho en el inolvidado El Día. Es cosa de todos: al afirmar la vida nos renueva la conciencia, a veces como interpelación y siempre como diálogo con los que cuando se marcharon, se nos quedaron dentro.
En lo personal, de lejos me resurge Luis M. Guarnaschelli, que tras ser Director de El Debate y Concejal, sufrió por lucidez anticipada la crisis de los partidos, murió hace tres lustros y nos enseña siempre. Del año que se va me resuena Mario Berta, transitando de la medicina a la filosofía y el cristianismo de Berdiaef; Dante Barrios de Angelis, con quien examiné Procesal mientras me explicaba su modo de tutearse con lo infinito; Daniel Bervejillo, que en Derecho sabía todo y como Subsecretario de Educación y Cultura me entregó bondad y lealtad sin cintillos; y tantos más, que retornando en frase y gesto seguirán cimentándome, igual que nos pasa a todos con los que, idos sin obituario, viven en nuestro yo.
En 2010 porvenir nacional tendrá todos los ruidos del avatar público. Pero recordemos siempre: antes que las ideologías nació la persona. Venciendo la cicuta y la Cruz el hom-bre se abrió camino, cuando aún no lograba la abstracción igualitaria desde la cual fundó la libertad moderna y la Constitución.
Por eso, en estas fechas revivir la intimidad sin banderas, más que evocación es, en valles de sombras, esperanza de luz.
Mantenga y vigile el nivel de debate y recuerde que nuestras Normas de Participación implican obligaciones y responsabilidades.