Ruben Loza Aguerrebere
El tiempo es un tobogán, ya se ha dicho. Y también se ha hablado de la fría esponja que el tiempo pasa sobre los días. Pero no es menos cierto que por los resquicios de la memoria suben y bajan los recuerdos, y, como el oficio de la memoria es olvidar, queremos evocar a una de las mujeres a quien más debemos en el ámbito cultural rioplatense.
Me refiero a Victoria Ocampo, quien hace tres décadas levantó su vuelo.
Coincidiendo con este aniversario, se ha editado en París "Lettres d`un amour défunt: Pierre Drieu la Rochelle et Victoria Ocampo", libro que ilumina esa relación sentimental que cierra Drieu, antes de su muerte en 1944, llamándola en una carta: "amie chérie".
Victoria Ocampo fue fundadora de la revista "Sur" de Buenos Aires, a instancias de Ortega y Gasset. En sus hospitalarias páginas dio cabida a las mayores plumas de su tiempo sin importar nacionalidades: a Graham Greene, André Malraux, Gabriela Mistral, Strawinsky, García Lorca, Rabindranah Tagore y Julian Huxley. Todos ellos fueron sus huéspedes en su célebre Villa Ocampo, a la que antes de su muerte donó a la Unesco. En las páginas de "Sur" escribieron, por cierto, Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Eduardo Mallea, entre tantos ilustres intelectuales de la vecina orilla. En la revista se podía hablar de cualquier tema, incluso de política. Aquí publicaron comunistas y conservadores, liberales y anarquistas. No había censura.
A Victoria Ocampo se deben, también, las primeras traducciones y ediciones en nuestra lengua de las obras de Lawrence de Arabia.
Fue la primera mujer elegida para integrar la Academia Argentina de Letras. Escribí, en esta página, sobre aquel acontecimiento cultural. Un auténtico reconocimiento a sus valores y sus virtudes. Poco después, recuerdo, me llegó un ejemplar de su libro "Testimonios", con una sobria y amable dedicatoria, que destacaba: "El único mérito de este libro es no estar aún en las librerías", y, con él, una carta donde me agradecía que hubiera escrito sobre ella. No tuve oportunidad de agradecerle la gentileza, ya que Victoria Ocampo murió en Buenos Aires (donde había nacido en 1890) poco después, en 1979.
No es tarea fácil resumir su vasta y rica obra. Podemos recordar que además de "Sur", a ella debemos "Testimonios", libros en los cuales dio cuenta de su abierto abanico de intereses y de cuanto vio en el mundo. Viajera incansable, fue amiga de los más renombrados intelectuales de su tiempo como (además de los mencionados) Roger Caillois, Albert Camus y Drieu la Rochelle. Publicó diez volúmenes de esa serie, reuniendo crónicas, ensayos y retratos de aquellos a quienes trató directamente, como Ricardo Güiraldes, Aldous Huxley, Paul Valery, Virginia Wolf y Gandhi.
Inolvidables son sus "Impresiones de Nuremberg", pues asistió al juicio a los cabecillas nazis.
No queríamos que se fuera el año sin recordar el magisterio de su presencia. Fue una sobresaliente personalidad en la cultura en esta zona del mapa, y a quien tanto debemos tantos. Cuanto dejó, "legato legato con amor in un volume", citando a Dante, trabaja por su memoria.
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