Ricardo Reilly Salaverri
En Derecho cuando se cierra una controversia judicial y no admite más discusión se habla de que es "cosa juzgada". No significa que los litigantes abjuren de sus convicciones sino que simplemente es un instituto creado por la inteligencia humana para que haya certidumbre y el mundo siga andando.
El pleito electoral relativo a la elección de parlamentarios nacionales y presidente y vice de la República es cosa juzgada.
Nada de lo que intelectual y moralmente, nos ha llevado a quienes sostuvimos el respaldo a la solución electoral minoritaria, sin más dictados que los de nuestra conciencia y la honestidad de hacerla pública, ha cambiado.
Lo que cambió circunstancialmente es el escenario institucional y político y las personas que regirán próximamente al destino de la república por cinco años.
Cuando se ingresa al Partido Nacional, y es de esperar se mantenga vivo en el alma de las nuevas generaciones de dirigentes, de acuerdo con una de las tantas tradiciones que son númen de una trayectoria de vida corporativa que tiene 170 orientales años, se aprende que Aparicio Saravia puso su vida mártir, sus bienes y los de su familia y sus tropas montoneras, al servicio de la causa de la Libertad para todos.
Formidable caso de ilustración universal en el que un emprendimiento revolucionario se levanta para un desinteresado propósito de beneficio colectivo, sin la intención de hacerse del poder para sí y una voraz caterva de amigos.
Y, tras la apertura de las urnas recientes - mediando un pronunciamiento que honra a los antecedentes históricos nacionales y a una Corte Electoral, integrada por autoridades mayoritariamente ajenas al oficialismo; así como a los funcionarios públicos y escribanos que ejecutaron imparcial y eficientemente las imposiciones de la organización del acto cívico- debe reconocerse se cerró definitivamente una jornada nacional.
Así como corresponde desearle al nuevo Presidente éxito en su gestión salvando atlánticas distancias, con la esperanza de que un tiempo de entendimientos nacionales sea posible.
Afirmando la institucionalidad y abriendo camino a las muchas oportunidades materiales que administrando prudentemente el gobierno, esperan al país.
Nadie como el Dr. Luis Alberto de Herrera bregó en el siglo pasado por la coparticipación de las fuerzas partidarias representativas del querer ciudadano en la tarea de gobierno. Admiraba al espíritu y las realizaciones inglesas que se distinguieron en la Historia universal por su evolución ajena a otros acontecimientos similares, especialmente sangrientos.
En un opúsculo referido al pensamiento internacional de Luis Alberto de Herrera, sobre el tema, Carlos María Velázquez, recordaba expresiones de "Sir" Austin Chamberlain. Sostenía que en política no existe la lógica. Tomaba el ejemplo de Inglaterra. E, inquiriendo sobre las razones que hacían que su país hubiese ido cambiando sin los cataclismos que sacudieron y ensangrentaron a otros pueblos con mayor espíritu lógico, decía que así lo fue: "... porque la naturaleza humana no es lógica y que ... absteniéndose prudentemente de llevar las conclusiones hasta sus consecuencias extremas" es "como se encuentra la vía de la evolución pacífica y de las verdaderas reformas".
Veremos si los hermanos -en la discrepancia- pueden ser unidos.
A partir de que no hay lógicas políticas y definitivamente ciertas.
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