La chacra

Antonio Mercader

Desde su chacra, José Mujica lanzó ondas de paz y amor hacia la oposición. Elogió la "proeza" de su rival, Luis Alberto Lacalle, a quien invitó a dialogar el viernes próximo. Remachando esa actitud, en la misma noche del festejo alabó el poder de comunicación de Luis Alberto de Herrera, abuelo de Lacalle, un líder al que el nuevo presidente suele citar con frecuencia y no por casualidad. Por si fuera poco, su primera salida de la quinta, digo de la chacra, fue para ir al velorio de Gros Espiell, un herrerista histórico. Más mensajes, imposible.

La celebración privada la organizó en el quincho de Varela, pegado a su chacra y -¡atención cancillería!- probable salón oficial de fiestas del próximo gobierno. Allí, bajo el retrato sacramental de Ernesto Guevara, Mujica habló con Hugo Chávez ante las cámaras de televisión con la evidente intención de demostrar -y de ponernos nerviosos a todos- de que se trata de che y vos con el presidente venezolano. Además, brindó con champagne y, junto a un puñado de amigos y partidarios, se emocionó hasta lagrimear al entonar a coro "A don José", la canción de Ruben Lena que motivó su último spot publicitario.

Al día siguiente de las elecciones, grabó su programa de radio sin variar un ápice el tono filosofal que caracteriza sus audiciones. ¿Un anticipo de que seguirá hablando por radio desde la presidencia tal como lo hiciera el caudillo ruralista Benito Nardone? Quien sabe. Habrá que ver si logra zafar de la fatal pulsión de los presidentes recién electos que siguen perorando sin parar, como si continuaran en campaña. Sin olvidar que, si para cualquier político comunicarse bien con sus semejantes es un don, para Mujica la palabra es la herramienta clave de su estrategia.

Entretanto, de manera casi imperceptible el poder político se desplaza de la residencia de Suárez a la chacra de Mujica. Tabaré Vázquez, acostumbrado a ocupar el centro de la escena, lució algo descolocado en el tablado del hotel NH en la noche del domingo. Más descolocado aun compareció al día siguiente ante la prensa a justificar el préstamo para comprar una casa que él mismo, en persona, le otorgó a su hermano Jorge. Líder que supo preservar su imagen en estos cinco años, Vázquez debería resignarse a pasar a un segundo plano sin insinuar siquiera, como lo hizo el lunes, que podría ser candidato en el 2014.

Insinuaciones de ese tipo deben caer mal en el entorno de Mujica. El presidente entrante no quiere competencia, sobre todo cuando afronta los críticos días de la pulseada por los cargos. ¿O alguien cree que Mujica se librará de arbitrar la pugna de ambiciones ya desatadas en su derredor?

Hay anhelos incontenibles de quienes buscan integrar el gabinete y tomar posiciones en las empresas estatales, un tira y afloja, y una danza de nombres que empieza ahora y que terminará recién a fines de febrero. Ya lo verán.

¿Tendrá Mujica la paciencia para armar ese complicado macramé, síntesis del equilibrio de fuerzas en el Frente Amplio y de acuerdos con la oposición? ¿O terminará dando un golpe sobre la mesa? Ese será su primer test como presidente.

Desde ayer, la cinta amarilla con que la policía demarca las zonas de exclusión, quedó tendida en torno a la chacra como probable anticipo de la cerca que garantizará la privacidad del inminente gobernante. Agolpados en la portera, los periodistas aguardan mientras una cámara de TV registra, como si se tratara de un acontecimiento, el trote de uno de los perros de Mujica.

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