Antonio Mercader
Hugo Chávez no pudo con su genio y finalmente metió la cuchara en nuestra campaña electoral. Entre consejos a sus paisanos sobre cómo deben ducharse y salir de la cama para hacer pipí, el comandante nos mandó un mensaje expreso.
Los asesores de José Mujica saben que esos gestos de Chávez resultan "piantavotos" pues su estilo tropical-autoritario cotiza mal entre nosotros. Al Frente le costó frenarlo en agosto, después de las internas, cuando anunció que venía a abrazarse con su "hermano Pepe", que así es como lo llama. Al final, canceló su visita cuando el propio Mujica le mandó un aviso para que hablara menos, pero el incontinente comandante, al inaugurar la feria del libro en Caracas el viernes pasado, opinó sobre nuestro balotaje.
¿Qué dijo? No mucho, aunque suficiente para molestar. Que Uruguay está bajo la amenaza de un cuco contra el que debemos estar en alerta: el "empeño de retorno de la derecha".
Al menos esta vez no citó directamente a Mujica, su otrora huésped de honor en Caracas, sino que prefirió advertir sobre la amenaza de su rival, ese enemigo agazapado en plena operación de retorno al poder: Luis Alberto Lacalle. Aun así, su injerencia en nuestra campaña inquieta al comando electoral del Frente Amplio. Allí recuerdan que el abrazo de Chávez puede ser letal hasta para un candidato incombustible como Mujica. Un candidato que tiempo atrás comentó que, con tal de ganar, era capaz de abrazarse con culebras y salir ileso.
Sin embargo, ocurre que el abrazo de Chávez, anticipado en campaña electoral, asfixia más que el de una culebra. Sobre todo cuando hay socios locales de Mujica que no parecen percatarse del riesgo que implica confesar la alianza con el comandante. Es el caso de Eduardo Lorier, senador comunista (reelecto) que vaticinó que un triunfo de Mujica nos arrimará más a Venezuela. Otro caso es el de Juan Castillo, candidato a diputado comunista (no electo) y dirigente del Pit-Cnt, quien en un periódico acaba de opinar que, con Mujica presidente, tendremos un futuro mejor en el ALBA, el club político bolivariano integrado, entre otros, por Daniel Ortega (Nicaragua), Rafael Correa (Ecuador) y Evo Morales (Bolivia).
Precisamente, en la misma parrafada dedicada a Uruguay, Chávez alentó la reelección de Evo Morales en los comicios del mes próximo y apostó a la victoria de Dilma Rousseff, la candidata oficialista a la sucesión de Lula en Brasil. Si Mujica, Morales y Rousseff ganaran sus respectivas elecciones, el mandamás de Caracas imagina que crecerá su influencia continental y podrá coronar su sueño de reemplazar algún día a Fidel Castro en su rol de paladín "for export" de la izquierda latinoamericana.
Esa ambición extranacional del comandante bolivariano preocupa a los empresarios uruguayos. Tanto es así que, la semana pasada, en una reunión con la fórmula presidencial del Frente Amplio en el hotel Conrad, acosaron a Mujica con preguntas sobre los "riesgos" de ciertas relaciones exteriores, en particular las referidas a Chávez. Entonces, después de mascullar algo por lo bajo, Mujica lamentó que interrogantes de ese tipo se le plantearan en público de manera frontal "a quienes tenemos que cultivar las mejores relaciones posibles teniendo la inteligencia de cuidarnos del abrazo del oso".
Hay que cuidarse del "abrazo del oso" previno el "hermano Pepe" ante los empresarios, pero la duda quedó flotando en el ambiente. ¿Lo piensa de veras o está tratando -como dijo alguna vez- de "no avivar a la gilada"?
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