Un militar uruguayo y uno chileno acusados de matar a Berríos

Un militar chileno adscrito a la DINA, la disuelta policía secreta de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), y un militar uruguayo fueron los autores de los disparos que dieron muerte al ex agente y químico del organismo secreto Eugenio Berríos, secuestrado y asesinado en Uruguay en 1992.

Así lo reveló hoy una versión del gubernamental diario La Nación de Argentina, según la cual otro ex agente de la DINA, el coronel en retiro Mario Cisternas, reveló los detalles del asesinato en el proceso que lleva adelante el juez Alejandro Madrid.

Berríos fue sacado clandestinamente de Chile por agentes de la DINA para impedir que fuera interrogado por la justicia por el crimen del ex canciller chileno Orlando Letelier, perpetrado en Washington en septiembre de 1976.

Tras un paso por Argentina, permaneció secuestrado en Montevideo y su cuerpo sin vida fue encontrado en una playa cercana a Montevideo tres años después de su asesinato.

"Los últimos días de noviembre de 1992, arrodillado y atado por los brazos, al químico lo obligaron a bajar la cabeza. Arturo Silva le dio el primer tiro. El otro lo disparó uno de los tres militares uruguayos bajo arraigo en Chile. Fue un pacto de honor y silencio. Una bala por cada país", relató hoy el diario La Nación.

"En el proceso que instruyó el juez Alejandro Madrid, cuya sentencia está pronta a dictarse, el único ex agente chileno que contó cómo murió Berríos y quiénes lo mataron fue el coronel (R) Mario Cisternas Orellana. El resto niega hasta hoy el asesinato", añadió la versión.

El diario agregó que un equipo de tres policías chilenos que viajó a Argentina y Uruguay fue el brazo derecho de la investigación del juez Madrid, porque "penetró los muros que escondían a sus victimarios y desentrañó el crimen".

Cisternas fue custodio del químico chileno mientras estuvo secuestrado en Montevideo.

Los tres policías debieron sortear numerosos obstáculos pues "partían de cero, porque, en Chile, el Ejército cuidó celosamente el acceso a cualquier antecedente", indicó La Nación.

"En Uruguay tuvieron que sortear múltiples obstáculos porque a nadie le interesaba que afloraran pistas. Los tres altos oficiales uruguayos involucrados en el homicidio mantenían poderosas redes de protección. En Montevideo, recurrieron a la DEA y el FBI locales y allí sí obtuvieron pistas", agregó.

"A pesar de los continuos intentos de los agentes por borrar sus huellas en Argentina y Uruguay, cometieron un gran descuido: siempre arribaron a Montevideo con sus nombres reales. Fue el gran error de la inteligencia del Ejército de Pinochet en este caso", concluyó la nota.

En Chile permanecen procesados por el caso tres militares uruguayos cuya extradición concedió la justicia de ese país: los coroneles Eduardo Radaelli, Tomás Casella y Wellington Sarli.

ANSA

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