Rodolfo Sienra Roosen
Sí, a esta altura hay que bajar el tono de la campaña. Los decibeles inducen a errores que se miden con distinta vara. Es que ya no el lenguaje de Mujica, sino las barbaridades que ha dicho, su falta de rumbo, sus contradicciones, su imprevisibilidad, no le hacen mella. Tiene una importante apoyo en el electorado cautivo, a quien le importa un bledo sus carencias como gobernante.
No es serio, le decía Astori. En cambio, algunas palabras utilizadas en el discurso nacionalista se agrandan, se magnifican, "rizando el rizo" según la expresión castiza que significa básicamente tornar complicado un asunto simple. A Mujica se le perdona todo, es un boquifresco, ("La Nación 27 de septiembre). Él también dijo, el 24 de abril de 2008 que no sería Presidente porque este era un país de "atorrantes".
¿En quién pensaría Mujica? Pero no vale la pena insistir en contestar pavadas por utilizar modismos -"amigovio" es uno de los más modernos-, y a quienes se acuerdan de la Real Academia para analizar lo que dice Lacalle pero la dejan de lado cuando de Mujica se trata, les recomendamos el Diccionario de Uso del Español, de María Moliner, una obra monumental que enseña el significado y origen de las palabras, y cómo se utilizan en diferentes países del mundo.
En el caso concreto del último tole tole, en la página 295 del Tomo I de la obra, de Editorial Gredos, 1994, se ilustra sobre la intencionalidad de lo que quiso decir el candidato blanco. Pero vamos a lo importante.
El tema que planteó Lacalle que levantó el alboroto, refiere a una propuesta fundamental de nuestro programa. Se trata dignificar a la pobreza y terminar con el asistencialismo para la compra descarada de votos. A los beneficiarios de los planes del MIDES no les va a gustar que le pidan contrapartidas para recibir la dádiva.
Tienen vendida el alma al diablo. A muchos de ellos no les interesa trabajar, y otros condicionan hacerlo a que se les pague en negro, porque aunque nadie los controla, por si las moscas no quieren arriesgar a perder ese dinero. Esto no lo sabe quien no lo quiere saber, basta recorrer el país y afinar el oído.
Astori niega que no haya contrapartida, pero el ex Ministro, después de la reforma tributaria, perdió toda credibilidad. El tema influye en dos aspectos. El compromiso nacionalista de abatir la pobreza no dando dinero contante y sonante sino otras prestaciones para la digna subsistencia de los que no tienen recursos, a cambio de aportes de trabajos en beneficio de la comunidad, contrasta con la connotación de expoliación injusta de los ingresos de los que trabajan, para distribuirlo con estímulo a la holganza.
Esto es lo que indigna a la gente. El Partido Nacional, lejos de ser indiferente al drama de la pobreza, la bajó a la mitad en su gobierno mientras el que se va, la mantiene enquistada por encima del 20%.
Este mensaje no es para los beneficiarios de la gracia del Estado.
La propuesta deberían analizarla los indecisos que serían los patos de la boda, porque es hora de comprender que al nivel que ha llegado el déficit fiscal, que se está financiando con deuda pública, el sueño de Alicia en el País de las Maravillas va a tener un despertar desagradable.
Considerar y ponderar esta iniciativa evitará poner desde ya las barbas en remojo. Después, a llorar al cuartito.