RICARDO REILLY SALAVERRI
Ala luz de las informaciones que han tomado estado internacional, la perversidad de la organización terrorista colombiana de las FARC es impactante.
Tomando en cuenta la moral judeo-cristiana presente en la construcción de Occidente y el respeto por los derechos humanos y el estado de Derecho, númen de la democracia liberal, los secuestros y el mantenimiento de rehenes en la selva, tirados y en casos encadenados, en las precarias condiciones que hoy están en la información universal, resulta sencillamente incalificable.
El ser humano, capaz de realizaciones nobles y extraordinarias, es también capaz de los actos más sórdidos. Y, no caeremos en la ingenuidad de creer que sólo en las selvas colombianas pasan atrocidades, ya que basta contemplar la historia o leer las noticias del día, para saber que por doquier se advierten signos de brutalidad. Lo de Colombia impresiona más, probablemente por su cercanía continental.
En nuestro propio país, años atrás, ante hechos parecidos al de los secuestros de comentario actual, se solía invocar una moral revolucionaria para justificar actos inaceptables. Es la expresión de la máxima que reza: que el fin justifica los medios. Para transformar la sociedad en un edén, todo vale y no importa qué principios quedan por el camino.
De esta forma capturar a alguien y arrojarlo por mero capricho de un grupo de personas en una pocilga sin culpabilidad, ni consideración, y mantenerlo así por años, es válido y se justifica en pos de determinadas realizaciones a alcanzar. Es un razonamiento indigno para cualquier persona bien nacida.
Por lo demás: ¿qué revolución para mejor, pueden concretar quienes partiendo de la perimida idea comunista, proceden de esta forma y hacen de los secuestros extorsivos y el narcotráfico su medio de vida?
Abundante información recientemente daba cuenta de las relaciones entre las FARC y el gobierno del presidente Chávez, que incluye apoyo logístico e inclusive inmunidad en territorio venezolano (suplemento Qué Pasa, El País, sábado 12 de enero de 2007). Sus lazos, se dice, parten de la premisa de que la organización terrorista es "bolivariana" y el jerarca citado, ha pedido incluso que se les dé a los secuestradores y narcotraficantes, el status de "beligerantes", lo que implicaría consecuencias desde el punto de vista del derecho internacional. Todo ello en el marco de una intervención en el fuero interno de la democracia colombiana, que -a la distancia y tomando en cuenta bases elementales de Derecho- nos parece supera lo aceptable, aún sabiendo que las desgraciadas familias de los apresados, están comprensiblemente dispuestas a apelar a cualquier mecanismo que les permita reencontrar a sus seres queridos.
La relación mencionada perfila la estructura de Chávez, su desprecio por la democracia humanista y la libertad, a la que ha sostenido muy recientemente con coraje, una oposición firme de la que son cabeza los jóvenes estudiantes universitarios de Venezuela. Que han impedido que progresara la reelección a perpetuidad del nuevo jeque petrolero caribeño.
Las circunstancias mencionadas y otras afines expresan la contradicción latinoamericana planteada actualmente, entre la institucionalidad, que en general inspiró a los próceres de la gesta histórica emancipadora y su abatimiento por los soñadores de la "nomenklatura" oligárquica, el partido único y el ensueño totalitario. Lo que impone permanentemente abatir nuevos muros. Además del de Berlín.