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Álvaro Casal
Acaba de transcurrir otro 11 de septiembre, en el que prácticamente todos evocamos la tragedia de esa fecha, retrotrayéndonos al 2001, cuando dos aviones secuestrados y guiados por fanáticos hicieron impacto en las Torres Gemelas de Nueva York.
Como siempre, surgieron las voces críticas y las elogiosas, respecto de la política estadounidense y sobre los terroristas suicidas que protagonizaron aquel golpe espeluznante, que sacudió al mundo.
Ese 11 de septiembre ha quedado incorporado como un hito a la historia de la humanidad. Terrible, desgarrante, pero hito al fin. Sin embargo y curiosamente, no se trata del primer 11 de septiembre de valor histórico en enfrentamientos entre cristianos y musulmanes. Corresponde evocar también el de 1683. Jornada que para algunos, como el italiano Paolo Mieli, es una coincidencia que se haya materializado en esa fecha, pero que para otros, como el estudioso Michael Novak, se trata de un asunto significativo.
El 11 de septiembre de 1683, se materializó una contraofensiva cristiana que puso en fuga a las tropas turcas que hacía meses mantenían sitiada a Viena, con su población consumida por el hambre. Aquel día las tropas del emperador Leopoldo I, con el fundamental apoyo del rey de Polonia Jan Sobieski, salieron a enfrentar decenas de miles de turcos que iban comandados por el Gran Visir Pachá Kara Mustafá. En sólo 36 horas se invirtió la situación de predominancia turca, que había estado alentada por el rey de Francia, Luis XIV. La debacle turca tal vez sorprendió tanto a Leopoldo I y Jan Sobieski como a los propios turcos. Fue tan súbita y de tal magnitud que poco después Kara Mustafá resultó ejecutado en Belgrado.
Si los turcos hubieran tomado Viena, aquello habría conllevado consecuencias bastante más serias que la mera introducción de bizcochos en forma de "media luna" ("croissants") en las confiterías vienesas y que esta forma de "patisserie" llegara algún día a Uruguay. O que los cafés de tantas esquinas surgieran luego de que el espía imperial Fraciszek Jerzy Kulczycki fuera recompensado por sus actos con todo el café abandonado por las tropas otomanas y pudiera abrir en 1684 la primera cafetería vienesa.
Las ambiciones del sultán de entonces, parecían similares a las de su predecesor Suleiman que en el siglo XVI también fracasó en su intento por avanzar sobre Europa, aunque logró quedarse con parte de Hungría. La alianza de Leopoldo I y Sobieski fue bendecida por el Papa y fue definida como "la última cruzada". Exitosa al extremo de que en 1699 los otomanos tuvieron que aceptar la paz de Karlowitz que, según muchos historiadores, marcó el comienzo del irreversible ocaso del imperio otomano.
Duro golpe pues para los musulmanes. En su ánimo, aquel 11 de septiembre tiene que haber quedado como una fecha negativa pero fuertemente recordable. Si los fanáticos del año 2001 eligieron la fecha como símbolo en una venganza por aquella instancia lejana o para señalar un nuevo poderío llegado del Este, no se sabe. Cada uno puede sacar sus conclusiones o plantear sus propias dudas, ya que para conocer a ciencia cierta algo concreto, habría que preguntarle a Osama Bin Laden. Algo un tanto complicado, considerando el carácter del personaje y la variabilidad de sus domicilios.
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