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RIcardo Reilly Salaverri
Nuestro primer voto fue en las elecciones de 1966. En materia política hemos visto pasar bastante agua bajo el puente. Y, nuestro primer voto fue como siempre por el herrerismo y el Partido Nacional.
Y, por sobre todas las cosas por la Democracia, que caracterizó a la Nación en el continente y en el mundo y que hasta 1973, conoció suspensiones ocasionales que estuvieron muy lejos de las experiencias cuarteleras habituales en América Latina.
Instituciones libres, a las que suma un sentido social biológicamente vivo en la República, que sufrieron el zarpazo avieso y traicionero de las fuerzas totalitarias que encontraron en el comunismo y los tupamaros, instrumento útil para arrasar con todo lo mejor que el país cívicamente tenía, arrastrándonos a un proceso signado por el terrorismo y el caos primero, y por la convocatoria a la caída de las instituciones después, hasta hacernos llegar al día de hoy a una continua evocación de los peores tiempos y circunstancias que nuestra generación conoció, en el marco de un resentimiento y un odio que no amainan.
A los que -para peor- se les enmarca en una banalización del debate político, que es manifestación de la crisis cultural en que estamos asentados, y de la ausencia de ideas y valores que signan la campaña de lo que suele autodenominarse izquierda en la República.
Así, de programa, en el Uruguay actual poco se habla.
Lord Acton inmortalizó un concepto que reza: "El poder siempre corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente". Y, lo peor de esta tendencia humana y latente por los siglos de los siglos es cuando la sociedad no tiene mecanismos para ponerle coto, como sucedía en la Alemania de Hitler, en la Unión Soviética de Lenin y Stalin, o pasa en la Cuba de los hermanos Castro, en la Venezuela de Chávez, o en la Argentina del matrimonio Kirchner.
Y, lo que el oficialismo ha conseguido es rebajar la discusión pública a un recuerdo de algún desliz de algún gobernante que en el pasado incurrió en hechos inadecuados, para con ello querer ensuciar a todo el Partido Nacional.
Fui personalmente durante los cinco años funcionario político del gobierno del Dr. Lacalle, y confieso que me han hartado estos delincuentes con crímenes y secuestros, robos y atentados, dolor y sangre de compatriotas en sus manos que no tienen autoridad para emitir un juicio sobre los cientos y miles de personas que dejamos el mejor esfuerzo y el más honesto de los propósitos al servicio de un gobierno que realizó obras transformadoras para bien de las generaciones presentes y futuras.
De las que el gobierno actual no ha sido capaz de realizar una sola y cuya corrupción desde que asumió el 1º de marzo de 2005 hasta hoy se ha desparramado en sin igual metástasis. Cuyo hitos finales se han visto en Antel, valiéndole la renuncia a su presidente y vicepresidente, organismo que contrató por más 50 mil dólares anuales a una "campeona" de boxeo que perdió en tiempo récord una pelea por no se sabe que título, y que designó en un cargo de confianza a un funcionario bien rentado, que auto-aconsejó su designación haciéndose pasar telefónicamente por el prosecretario de la Presidencia de la República.
En fin, estas líneas van dedicadas a todos los dirigentes políticos demócratas, cuya indignación me han manifestado estimulándoles a redoblar en la hora el esfuerzo cívico por el bien de la institucionalidad nacional.
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