Algo debe andar mal en la educación pública de un país cuando uno de sus principales responsables envía a sus hijos a un liceo privado. Es el caso de Héctor Florit, ex -dirigente sindical de la Federación de Magisterio, hoy miembro del Codicen de la Anep, quien así lo reconoció en una entrevista. El caso de Florit no es excepcional pues otros gobernantes, vinculados o no a la educación, hacen lo propio con sus hijos, una actitud demostrativa de la decadencia de nuestra enseñanza. Decadencia que venía de atrás, pero que se agravó en los últimos años con aumentos en las tasas de deserción y de repetición. El gobierno del Frente Amplio habló mucho e hizo poco por cambiar esta situación. Tan poco que ni siquiera cumplió con su promesa de adjudicarle el 4.5% del PBI a la enseñanza pública.