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Rodolfo Sienra Roosen
Aregañadientes, a fórceps, salió la fórmula presidencial sin acuerdo político entre los candidatos oficialistas. Este parto de los montes culminó como una novela de tortuoso seguimiento, acorde a un procedimiento burocrático inspirado en Kafka, libretada con la ternura de Corín Tellado, diseñada con dibujos de Walt Disney en la que no faltaron el suspenso de Hitchcock y el misterio de Ágatha Christie.
En un primer momento, todos eran reeleccionistas. Menos Astori, que siempre guardó en su corazón la promesa del Presidente de ponerle la banda. Todos, hasta Mujica, violaban la Constitución sin problemas -es de uso en el gobierno- con tal de postular a Vázquez para un nuevo período. Pero Vázquez dijo que no. Entonces, se abrieron las dos vertientes. Por un lado, la de Astori, que se creyó número puesto, y para oponérsele -porque no lo tragan-, bolches y tupas acordaron apoyar a Mujica. En ese momento ocurrió algo extraño: un grupo de personas salió a la calle, montaron mesas, ocuparon lugares, generaron gastos que nadie sabe quién pagó ni para qué, todo para recolectar firmas que impulsaran la reelección. Y Vázquez los dejó hacer, sin ningún problema, anunciando el recordado "pps" (profundo y prolongado silencio) que indujo a creer que podrían convencerlo a aceptar.
Empezaba a tallar Hitch-cock, mientras Corín Tellado actuaba sobre Mujica a quien hizo saltar públicamente lágrimas propias del cónyuge engañado. Al mismo tiempo, Fernández Huidobro se encarnó en Walt Disney e introdujo a escena la imagen del perro Pluto que pareció trasladarle a alguien, pero nadie sabrá por qué, quitándole la ele al nombre. En esas estábamos, cuando apareció de golpe la candidatura de Carámbula, y los capitostes reeleccionistas, luego pasados a filas de Astori -Rossi, Muñoz, Rubio, Colacce y había un quinto que no me acuerdo- apoyaron al Intendente canario. Fue evidente el toque de misterio que puso Ágatha Christie con esta originalidad, porque solo un ciego no se daba cuenta que Carámbula le podría sacar votos a Astori, pero nunca a Mujica, contra quien parecía tramarse la conjura.
Y vino el congreso. Allí, habilitados tres postulantes, todo se apañó para darle a Mujica una mayoría aplastante como candidato oficial, a Carámbula un importante apoyo, y para bombear a Astori a un oscuro tercer lugar. Entretanto, el jolgorio de las encuestas daba que Mujica arrasaba, que Astori lo seguía lejos y que Carámbula no corría esa carrera.
Pasó lo que pasó. Tuvieron que forzar, desgastándose, la fórmula Mujica-Astori. Los delegados Bonomi y Lorenzo negociaron arduamente sobre las exigencias de Astori en la distribución de cargos y lineamientos de política económica. Era imposible, son el agua y el aceite. El suspenso duró hasta que se reunieron. Mujica dice que él no recibió condición alguna de Astori, pero no dice que antes lo había llamado para comunicarle que ninguna de las condiciones transmitidas por Lorenzo las aceptaba. Así, sin otro remedio para el vapuleado Astori, con caras largas y avinagradas que ahora algunos -son de mentira- atribuyen a la recíproca emoción, posaron para la foto.
El abierto contraste con la respuesta espontánea de Larrañaga al ofrecimiento de Lacalle, a lo blanco, y sin condición alguna, está sugiriendo mucho.
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