Con absoluto desparpajo, un dirigente del sindicato de taxistas intentó justificar a quienes cometieron los atentados del fin de semana en los cuales trece taxis fueron atacados, dos de ellos volcados, y tres choferes resultaron lesionados. Este sindicato, el Suatt, está manejado por el mismo grupo de iracundos que hace unos meses rompieron a patadas la puerta del despacho del director Julio Baráibar después de ocupar violentamente el ministerio de Trabajo. Los desmanes del fin de semana deben ser castigados con severidad si se desea evitar que el ambiente sindical de nuestro país se convierta en una jungla. La policía y la justicia deben intervenir a fondo, identificar y sancionar a los culpables. Lo ocurrido es demasiado grave como para encogerse de hombros y dejarlo pasar por alto.