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Sebastián Da Silva
El lunes primero de junio en la primera tanda de los programas "Bien Despiertos", "Buen día Uruguay" y "Buenas y Santas" comenzará formalmente la campaña electoral. En ese momento se comenzará a ver la parafernalia creativa de los diferentes candidatos, las distintas estrategias y la capacidad de captar el interés popular.
Todo el despliegue hecho hasta ese día estuvo destinado a la masa crítica, gente interesada en política, militantes, dirigentes, aspirantes a diferentes cargos, pero no el gran publico oriental.
A partir del primero de junio, la política invadirá nuestras vidas, en rueda de amigos, en casamientos, en el trabajo, en el club de barrio, en la facultad y hasta en los velorios. Frase recurrente será: "che, ¿vos a quién vas a votar?"
Y como es costumbre se armarán esos riquísimos debates democráticos en donde unos y otros intentarán anteponer sus antecedentes e ideas sobre el amigo o compañero de turno, al mismo tiempo que los políticos tendrán su zafra de menos desprecio y mayor popularidad.
Hay una sola cuestión que hace esta campaña tan particular y es la posibilidad que el Senador José Mujica Cordano pueda ser Presidente de la República.
Salvo a sus seguidores, que no son pocos, al resto de la ciudadanía le aterra imaginarse un país gobernado por Mujica.
Las razones son varias, unos no lo quieren por sus antecedentes como Tupamaro, otros por su edad, otros por su anteojera ideológica, otros cometieron el error de compararlo con un genocida, y otros como quien esto escribe porque entienden que semejante cargo le queda muy, pero muy grande.
Y que si su ejemplo de gobernante fue su gestión en el Ministerio de Ganadería basta y sobra para evaluar su capacidad.
Hoy no ahondaremos en criticarlo, tenemos los dedos gastados de hacerlo, nos referiremos a como el denominado factor Mujica incidirá en la elección interna de todos los Partidos.
Partiendo del supuesto empírico que todos los que no lo apoyan tienen pánico de ver involucrada su cotidiana vida con un Presidente que un día te dice una cosa y al otro se desdice, la decisión que tomen los ciudadanos independientes, los que no militan ni forman parte de corporativismo alguno, la denominada opinión publica será la que gravite al final.
Y mientras se exhortará al diálogo, a no confrontar, al espíritu democrático etcétera etcétera, los uruguayos comenzarán con su tradicional meditación interna.
En ese momento aparecerá el voto útil, el que vaya hacia quienes tienen reales posibilidades de ganarle a Mujica, el voto del sentido común, ese que no tiene sentimientos, ni ideología, y capaz que ni siquiera afinidad con la opción elegida, simple y racionalmente se manifiesta por temor y no por amor.
Será una cuestión similar al balotaje de 1999, donde Jorge Batlle no necesariamente ganó en una elección apasionada, simplemente lo hizo porque no era Tabaré Vázquez.
Por tanto, a tener cuidado con las conclusiones apresuradas, con las encuestas difusas y con generar hechos consumados en esta elección en particular.
Estamos seguros que esta vez las urnas darán más de una sorpresa.
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