Los precandidatos en campaña no se sienten en riesgo. Pese a la caldeada campaña, los postulantes al Edificio Independencia no se rodean de aparatos de seguridad propios como suele ocurrir en la mayoría de los países de América Latina.
Los atentados políticos no forman parte de la historia uruguaya, salvo aisladas excepciones de los pródromos institucionales o el atentado contra Líber Seregni en Rocha en la campaña de 1971. Ni siquiera se registran episodios provocados por una acción imprevisible de un desequilibrado que quiera liquidar a un candidato al que odia.
Aunque estos arrebatos violentos suceden en todas partes, a dirigentes políticos, líderes de todo tipo, o personas desquiciadas la emprenden a tiros en escuelas y universidades del primer mundo, la agresión o el intento de asesinato de dirigentes políticos no es, hasta ahora, una preocupación en esta campaña, ni siquiera de los candidatos más controvertidos o que pueden generar tentaciones de magnicidio personales o de grupos de poder.
Los precandidatos recorren el país, visitan barrios complicados, pueblos perdidos, entran y salen de sus cuarteles generales en el marco de agendas conocidas y apenas, algunos, tienen hombres de confianza atentos a su seguridad.
Para contener. José Mujica, un presidenciable con chance y background "aparatista" desprecia los dispositivos de seguridad y es muy reacio a tener guardaespaldas en sus actos públicos. "Algunos compañeros se ofrecen, pero él se niega. Solo acepta que lo acompañe algún secretario pero en esa función", dijo a El País una persona muy cercana al precandidato frentista.
Sin embargo, un grupo de militantes anda "cerca" de Mujica -ninguno armado- durante sus actos de masas, pero esas personas también hacen otras tareas proselitistas ajenas a la seguridad. A veces algunas decenas de allegados del MPP ofician de barrera de contención por las dudas. El chofer de Mujica le lleva la agenda, y es también considerado parte de su seguridad.
El líder del MPP se desmarca, se sale de libreto, se mete entre la gente y considera que si lo quiere matar un sicario, lo hará lleve o no seguridad, y así lo ha dicho públicamente.
Respecto a la posibilidad de que un provocador le cree problemas -un borracho violento, por ejemplo-, Mujica confía en que su popularidad hará que la gente lo defienda.
Danilo Astori tampoco usa guardaespaldas. Apenas se notó una discreta presencia policial (un hombre y una mujer) dispuesta por el Ministerio del Interior en el acto de lanzamiento de campaña del Palacio Peñarol el 31 de marzo.
El martes 7, en la recorrida por La Criolla del Prado, hubo una excepción: Astori fue acompañado por un guardaespaldas mientras que otra persona -integrante de la organización de la campaña de Asamblea Uruguay- también cumplía tareas de seguridad.
Por su parte, Marcos Carámbula, en las giras en Montevideo y en el interior, va en un coche con chofer y secretario personal. Atrás va un móvil de apoyo con un cámara y dos personas de seguridad. Pero el entorno del precandidato no los define como guardaespaldas, sino como encargados de la "seguridad persuasiva". Su tarea es servir de contención en los tumultos para que el precandidato "camine libremente".
ChOferes. Por su parte, el precandidato de Alianza Nacional, Jorge Larrañaga, tampoco tiene equipo de seguridad o guardaespaldas. Mientras pueda, así seguirá, y no está preocupado por eventuales situaciones de riesgo que puedan plantearse en sus giras o actos políticos. "Nunca ando con guardaespaldas. Camino por cualquier barrio sin dificultades", dijo Larrañaga a El País.
Larrañaga se mueve con su chofer, en su auto particular. En las recorridas barriales, apenas lo acompaña una camioneta con el equipo de prensa.
La seguridad del precandidato de Unidad Nacional, Luis Alberto Lacalle, está a cargo del comisario inspector Freddy Kuster, hombre de extrema confianza del ex presidente y su perpetuo acompañante. Kuster fue jefe de la seguridad presidencial de Lacalle durante su mandato (1990-95).
Los ex presidentes tienen derecho a disponer hasta cinco funcionarios públicos en comisión, durante toda su vida. Kuster es uno de los hombres que Lacalle eligió y, desde aquel momento, lo tiene como responsable de la seguridad y también la logística en las giras electorales.
Este ex policía va armado y muchas veces maneja la camioneta de Lacalle en los viajes y giras. El comisario define la seguridad de Lacalle como "la normal para un ex presidente o una persona VIP". De todos modos, muchas veces Lacalle anda solo y sin demasiadas precauciones.
Cuando hay actos callejeros, el comando de Lacalle implementa dispositivos de seguridad de mayor relieve para evitar percances. "En esos casos hay que ver quién anda en la vuelta", apuntó Kuster.
Como cualquiera. Los precandidatos colorados tampoco cuentan con equipos de seguridad. Cuando deben realizar desplazamientos importantes se mueven con uno o dos secretarios que les hace las veces de chofer y relevo en las largas horas de carretera.
"Yo ando solo por todos lados", señala Pedro Bordaberry, que se preocupa porque cuando la gente lo ve de cerca se impresiona por su tamaño. "Soy grandote, no preciso custodias, pero tengo 50 medidas contra la inseguridad", bromea.
Luis Hierro López recorre barrios y pueblos del interior acompañado únicamente por su secretario y encargado de prensa, Jorge Bresler. Aclaró que hasta el momento no tuvo problemas ni siquiera en sus recorridas por ferias vecinales. A su juicio el escudo de los dirigentes políticos es la tolerancia y cultura republicana de la ciudadanía.
A José Amorín le sucede algo parecido: recorre el país con algunos de sus secretarios en su coche particular y nunca vivió episodios violentos en campaña electoral. Toma precauciones, "como cualquier uruguayo", pero nada excepcional.
La seguridad policial "de oficio"
Luego de los incidentes con los precandidatos frenteamplistas José Mujica y Danilo Astori con vecinos que promovieron ataques o generaron disturbios en actos públicos de su campaña, el Ministerio del Interior dispuso una guardia especial para mitines y recorridas políticas.
Cada semana, los comandos electorales envían al Ministerio del Interior la agenda de actividades con horarios y lugares que visitarán los precandidatos. En base a esa información, la Policía dispone efectivos para garantizar la seguridad de los políticos.
Por ejemplo, el jueves 23 el precandidato blanco Luis Alberto Lacalle recorrió locales políticos en el Cerro, Belvedere y la Unión. Un par de policías cortaba el tránsito para que los autos de la comitiva de Lacalle se desplazaran sin problemas y cerca de los locales se apostó un camión negro de la Guardia Metropolitana, la fuerza de choque. El encargado de la seguridad de Lacalle, Freddy Kuster, dijo a El País que el comando no pidió ninguna medida específica, sino que simplemente le pasó a Jefatura la agenda de actividades. "Ellos deciden a quién envían de acuerdo a los servicios que tienen disponibles. Pero habitualmente nos mandan cinco o seis policías", indicó Kuster.
Un día antes, el miércoles, una recorrida de Lacalle por Canelones fue seguida por una camioneta blanca con cuatro o cinco policías.