Banderas jamaiquinas, chicos con skates, otros haciendo malabares, punks, artesanos, adolescentes, jóvenes, adultos y padres con niños acudieron al Molino de Pérez para sumarse a una convocatoria de apoyo a la legalización de la marihuana.
"No estamos aquí para promover el consumo de ninguna droga ni para hacer apología de nada que no sea la libertad. Estamos aquí para exigir que nadie sea tratado como un delincuente por plantar marihuana para su propio consumo", dice la declaración de los organizadores, el Movimiento por la Liberación del Cannabis, integrado tanto por simples grupos de amigos como por integrantes de juventudes políticas.
En la tercera edición de esta concentración con la que Montevideo se suma a la marcha mundial por la despenalización de la marihuana, y en año electoral, los organizadores se proponen como objetivo "presionar al sistema político para que se redacte una ley que interprete que no se debe penalizar el auto-cultivo", o sea, el cultivo de cannabis para consumo personal, sin fines comerciales.
Al parque. "Siempre vengo, porque estoy a favor de la legalización", dice una mujer de 33 años, educadora social y profesora de danza, con los ojos un poco rojos por el consumo de la droga. "Y porque está bueno juntarse con otra gente que piensa como uno", añade.
Junto a ella, juegan sus dos niños, y no son los únicos que acompañaron a sus padres al parque Baroffio. Pese a la multitud, el escenario y los puestos de venta, las hamacas siguen chirriando en la plaza como otros sábados.
Casi nadie atiende al grupo que toca a pesar de que el cantante se desgañita en el escenario. El olor sobrevuela toda la escena y muchos fuman sin pudor. Algunos acompañan el cigarro de marihuana con mate y tortas fritas y otros con vino. La mayoría simplemente está sentada charlando en la explanada o las canteras del parque.
Un grupo de adolescentes dice que fue "porque está bueno el agite" de música y gente en el parque. El vendedor de tortas fritas, de 31 años, sostiene que no sabe si lo mejor sería legalizar la droga, con lo que se convertiría "en negocio, como el alcohol o el cigarrillo", pero defiende la legitimidad de plantar y cosechar para sí mismo. "Yo lo hice, y no tuve problemas porque lo mantuve como algo clandestino", contó.
"La comunidad de gente que fuma es bastante heterogénea pero comparte una raíz profunda", dijo un joven de 27 años, músico y administrativo, que acudió a la concentración junto a una amiga y su hermano, que tiene síndrome de down. En lo personal, le incomoda que la droga sea ilegal porque está "expuesto a un proceso judicial por una legislación que criminaliza lo que hago, aunque no sea socialmente nocivo", dijo.
El año pasado plantó, este no, porque le preocupó que fuera detectado por la policía desde alguna azotea vecina. No sabe si la concentración ayudará a legalizarlo. "Me parece que escapa al sistema político, en su capacidad para responder a los problemas de la gente", sostuvo.