NUEVA DELHI | EL PAÍS DE MADRID
Las elecciones comenzaron esta semana en India, la democracia más grande del mundo. Unos 714 millones de votantes comenzaron a ir a las urnas en un proceso que por su dimensión y complejidad se dividirá en cinco partes y durará un mes.
Los canales de televisión no dejaron de transmitir coloridas imágenes de las áreas rurales donde las votaciones son celebradas como festivales. Sin embargo la violencia de los Naxalitas, o grupos rebeldes maoístas, opacó la celebración con decenas de muertos -sobre todo funcionarios y agentes de seguridad- durante esta semana en cuatro de los 17 Estados en que se celebran elecciones.
Estos grupos, que controlan algunas zonas en el centro y noreste del país, llamaron a un boicot contra los comicios que no consideran democráticos y amenazan con cortar las manos de quienes acudan a las urnas. Abrieron fuego en distintos centros electorales, quemaron computadoras destinadas a recoger los votos electrónicos y bloquearon caminos.
Los resultados de estas elecciones serán una sorpresa. Las encuestas a boca de urna fueron prohibidas. "Lo único casi seguro es que ninguno de los dos partidos más poderosos ganará por mayoría. Tendrán que negociar duro para hacer alianzas tras las elecciones y así contarán con un poder bastante limitado", asegura el presidente del prestigioso "think tank" (centro de pensamiento) Centro para Investigación Política en Nueva Delhi, Pratap Bhanu Mehta. Con él coinciden la mayoría de los analistas. Creen que con un Gobierno débil se tendrá que volver a llamar a las urnas en dos años. Sin embargo, algunos especialistas dan al Partido del Congreso (PC, de centro izquierda), que lidera la actual alianza en el Gobierno (UPA, Alianza Progresista Unida), algo de ventaja. Manmohan Singh, actual primer ministro y candidato por el Partido del Congreso, sugirió que podrían darse negociaciones con los partidos socialistas.
Los izquierdistas fueron la mayor amenaza a su Gobierno cuando el año pasado abandonaron la coalición al oponerse al pacto nuclear con EE.UU. y se tuvo que someter a un voto de confianza. "Para lograr estabilidad, el PC tendrá que regresar a la izquierda y parar algunas de sus reformas de privatización", aseguran los analistas. Pero Singh es visto por muchos como un "candidato provisional" para el Partido del Congreso. Le deben la reforma económica que hizo crecer a India y su imagen da a su agrupación credibilidad. Pero, en cuanto sea posible, se pondrá al frente el cachorro de la dinastía Gandhi, Rahul. El político de cuarta generación recorrió el país durante los últimos meses haciendo campaña para su partido, aunque niega que pueda llegar a ser primer ministro.
El rival que puede derrotar al Partido del Congreso es el partido de derecha nacionalista Bharatiya Janata Party (BJP). Sus promesas electorales no son muy diferentes "y tampoco la política exterior cambiaría mucho: a pesar de ser un partido religioso hindú, cuando estuvo en el poder tuvo muy buenas relaciones con Pakistán", dice el analista en política exterior, Siddharth Verdarajan. Algunos temen, sin embargo, que el BJP cause tensiones entre hindúes y otras religiones (musulmanes y cristianos), asunto del que ya fue acusado en el pasado. Su líder y candidato, L.K. Advani, es considerado un excelente orador y un animal político, pero sus 81 años podrían alejarlo de los votantes jóvenes.
El BJP hizo la promesa de que repatriará el dinero negro indio que está en bancos extranjeros, un punto débil para el actual Primer Ministro que no respaldó al presidente francés, Nicolas Sarkozy, en el G-20 en estas medidas. Los partidos locales serán la clave más que nunca, según analistas: podrían obtener hasta el 50% de los 543 escaños de la cámara baja en juego. Y por ello el llamado "Tercer Frente", formado por partidos regionales hizo temblar al PC y al BJP. Su candidata más probable es la "reina de los intocables", Mayawati Kumasi, que se convirtió en gobernadora del Estado clave de Uttar Pradesh con un discurso contra las clases altas (ver aparte).
India, un país lleno de contrastes, tiene pocos temas claros para las elecciones. La crisis económica y la lucha contra el terrorismo cobran fuerza en las grandes ciudades. Pero en las áreas rurales (donde vive el 70% de la población) las preocupaciones son la agricultura, el agua, la electricidad o las infraestructuras. Un mosaico de las más diversas religiones, castas y clases sociales hace más complejo clasificar las demandas del electorado.
Tercera en discordia anti ricos
La "reina de los intocables", Mayawati Kumari, llega en helicóptero a la aldea de Nuh, al sur de Nueva Delhi, bajo un sol intenso, para arengar a sus partidarios en un mitin de la campaña de las elecciones legislativas de India, en las que se presenta como la tercera en discordia. En la aldea de Nuh, a 100 kilómetros de la capital, miles de hindúes y musulmanes pobres asistieron para ver y oír a Mayawati Kumari, una "dalit" o "intocable", quien les promete "cambiar su destino" si se convierte en primera ministra tras los comicios que se celebran entre el 16 de abril y el 13 de mayo. "Hermanos y hermanas, ¡les ruego que no voten para el (Partido del) Congreso ni por el BJP que sólo sirven a los ricos, desatienden y engañan siempre a los pobres!", ataca la dirigente, frente a una multitud de hombres con túnica blanca y turbante, separados de sus esposas en sari, reunidas en un recodo del terreno junto a sus hijos. A sus 53 años, la líder del Partido de la Sociedad Dalit (BSP) y jefa desde 1995 del gobierno del Estado de Uttar Pradesh (norte, 182 millones de habitantes) podría ponerle las cosas difíciles al Partido del Congreso en el poder y a la oposición nacionalista. Con el estallido del paisaje político nacional indio y gracias al peso de los partidos regionales y a los juegos de alianzas, esta ex maestra de primaria podría incluso acceder al puesto de primera ministra de la Unión Federal India. AFP