EDUARDO BARRENECHE
Punta de Rieles ya no será el mismo con la nueva cárcel. Eso es lo que opinan chacareros y bodegueros vecinos del edificio castrense. La bucólica tranquilidad del paisaje campestre se verá alterado por el trajinar de vehículos policiales, dicen.
Para ingresar hacia el ex penal donde la dictadura alojó a presas políticas, hay que tomar por el camino Punta de Rieles ubicado a la altura del kilómetro 12.800 de Camino Maldonado.
A penas el visitante recorre 200 metros por la buena ruta de balasto, padece un corte abrupto con el mundo urbano. Enseguida se le abre una postal de viñas y campos sin cultivar. Es casi como un choque contra un muro imaginario.
Al kilómetro de distancia de Camino Maldonado, el visitante cae en la realidad: se encuentra muy cerca de la ciudad y no se desplaza por zonas canarias como Montes o Migues.
Al final de una corta bajada, se topa con el puente del arroyo La Chacarita. La enorme cantidad de bolsas de basuras y desperdicios se transformaron en un "dique natural" debajo del puente que apenas deja pasar las aguas oscuras y contaminadas del arroyo.
Unos metros más adelante, en la próxima subida, el visitante se encuentra otra vez con viñedos al costado del camino. Del otro lado, apenas se ven algunas casas espaciadas. En la cima del repecho ya comienza a dibujarse las construcciones más altas del ex penal de Punta de Rieles. Actualmente funciona allí una escuela de suboficiales del Ejército, hay varios barracones y una cochera enorme donde se guarda maquinaria.
Varios carros cruzan el camino vecinal de Punta de Rieles como si la civilización todavía funcionara a tranco lento. Un apeará no se asusta de los ruidos de los cascos de los caballos y continúa masticando pasto al costado del camino.
SIN PAZ. A unos 200 metros del lugar, vive Heber Angelo, un guardia de seguridad llegado hace poco tiempo de Mercedes.
Angelo señala los alambrados caídos del ex penal y dice que de ahí se van a escapar todos los presos que vayan al patio. "En ese edificio deberían poner una escuela rural y no una cárcel. Cuando traigan los presos, habrá inseguridad. Se nos terminó la paz", dice.
Siguiendo por el camino vecinal, se observa a la derecha una hermosa casa con techo a dos aguas, lago y muchos patos caminando por el pasto verde.
David González, el casero de la propiedad, también rechaza la construcción de una cárcel en Punta de Rieles, aunque reconoce que ello podría aumentar la seguridad del barrio. De todas formas, explica, los móviles de las seccionales 16 y 18 recorren "todos los días Punta de Rieles. Pero cuando se escape un preso, ahí sí que habrá problemas", vaticina.
Al igual que otros vecinos, González apunta a que primero arribarán 500 reclusos, meses más adelante serán otros 500 y en poco tiempo el penal terminará alojando a 2.000 personas.
"Así se construyeron otras cárceles en el país. Ese penal no va a solucionar nada y sí va complicar la zona", dijo.
Al final del camino, que muere en un campo de chircas, se encuentra la chacra de Rubén Bass, quien planta verduras y las vende en ferias. Unos cerdos pastan a poca distancia de la vivienda. A un costado hay campos arados.
Bass sugiere que el traslado de la cárcel no será algo muy conveniente para la zona. "Acá los vecinos nos cuidamos unos a otros -dice-. Es un lugar tranquilo. El barrio ya no será lo mismo".
A FAVOR. La bodega Bruzzone & Sciutto está instalada en el corazón de Punta de Rieles desde hace décadas.
Nicolás Capellini Bruzzone, uno de los directores de la empresa, no cree que la nueva cárcel genere demasiado movimiento en la zona. "Sí generará mayor seguridad porque se incrementará la presencia policial", expresa.
A poca distancia de la bodega, se encuentra el asentamiento La Chancha. Tras advertir que allí también viven muchos trabajadores, Capellini Bruzzone dice que individuos del asentamiento intentan entrar frecuentemente en la bodega. Cada vendimia, señala, Bruzzone & Sciutto pierde 20.000 kilos de uvas finas por hurtos.
Carta a Vázquez: cárcel "inapropiada"
Vecinos y organizaciones sociales enviaron una carta al presidente Tabaré Vázquez y a los ministros Daisy Tourné (Interior) y José Bayardi (Defensa) calificando de "inapropiada" la propuesta de la reinstalación de una cárcel en la zona por considerar que el predio castrense es un sitio simbólico de la memoria del país. "Este es el único lugar que representa la lucha de las mujeres por justicia social y la de sus familiares y vecinos resistiendo la dictadura militar", expresa la carta.
La misiva señala que la creación de la nueva cárcel no es una solución para el hacinamiento de presos. "Lejos de resolver el problema de las inhumanas condiciones en la que hoy se encuentran los presos se generaría un agravamiento de las condiciones sociales de la zona. Esta es una zona ya victimizada", advierte.
Continúan visitas al ex penal
Continuarán esta semana las visitas de técnicos del Ministerio del Interior al ex penal de Punta de Rieles para constatar las modificaciones necesarias para transformarlo en una cárcel, dijo a El País el subsecretario de Defensa, Jorge Menéndez. "El proceso requiere más contactos para seguir avanzando en la entrega de esa propiedad al Ministerio del Interior", explicó. Agregó que Tabaré Vázquez no puso un plazo para realizar el traslado de presos pero señaló que éste deberá hacerse lo antes posible.