BUENOS AIRES | AGENCIAS Y SERVICIOS
El ex presidente argentino Raúl Alfonsín ya descansa en el cementerio de la Recoleta. Decenas de miles de personas marcharon ayer desde el Congreso para dar el último adiós al líder radical, símbolo de democracia, que falleció el pasado martes.
La lluvia no fue una excusa. Durante toda la madrugada de ayer una multitud de argentinos hizo una fila de varias cuadras, que desembocaba en el Congreso, para despedir a Alfonsín. "Él fue el único que nunca robó", le explicaba una anciana a un joven en un punto de la interminable cola. Algunos llevaban en sus manos flores, otros fotografías y diarios, muy pocos banderas políticas. Incluso dentro del velorio se pudo ver figuras de todos los partidos. Sus correligionarios lo honraron de igual forma que sus adversarios. Los ex presidentes Carlos Menem y Néstor Kirchner son un claro ejemplo de ello. La propia presidenta peronista, Cristina Fernández, resaltó desde un acto en la embajada argentina en Londres -donde está por la cumbre del G20- que el ex mandatario "simboliza el advenimiento de la democracia".
A primera hora de la mañana se realizó una misa en honor al ex Presidente luego de la cual, pese al mal tiempo, decenas de miles de personas marcharon desde el Congreso hasta el cementerio de la Recoleta para despedirlo. Salvo algunos gritos aislados, el partidismo quedó afuera del homenaje. "Raúl, querido, el pueblo está contigo" y "Alfonsín, Alfonsín" fueron los cánticos preferidos de quienes asistieron. También hubo calurosos aplausos y silencios y llantos que delataban el dolor de los presentes.
Las autoridades señalaron que habían unas 70.000 personas. Imágenes aéreas de televisión mostraban que la multitud de gente se extendía por más de 10 kilómetros. Al llegar al cementerio comenzaron los discursos de destacadas figuras políticas. El vicepresidente Julio Cobos prometió que buscará la unidad de la Unión Cívica Radical, uno de los dos pedidos que le hizo Alfonsín antes de morir. El otro, señaló, es "no sólo trabajar por la unidad del partido, sino por la unidad del país que es lo más importante".
En tanto, el ex presidente uruguayo, Julio María Sanguinetti, sostuvo que "Aquella jornada de 1983 (en que Alfonsín tomo el poder luego de la cruenta dictadura militar) nosotros la festejamos como propia. Su figura se va agrandando con el paso del tiempo".
"Un estadista como Raúl no muere. Su obra se mantiene vigente. Es un símbolo de democracia, un símbolo de libertad", agregó. El presidente Tabaré Vázquez, que asistió el día anterior al velatorio, había señalado que Alfonsín era un "Amigo del pueblo uruguayo y solidario con nuestra causa democrática, que sintió como propia". El gobierno uruguayo decretó ayer duelo nacional de 48 horas por la muerte del líder político.
Durante la misa en el Congreso, oficiada por monseñor José María Arancedo, primo hermano de Alfonsín, el hijo del fallecido ex Presidente, Ricardo Alfonsín, dijo que sentía "emoción" y que agradecía "profundamente a la gente las manifestaciones de cariño". Las honras fúnebres concluyeron en horas de la tarde, cuando los restos de Alfonsín se depositaron en el "Monumento a los Caídos en la Revolución de 1890", junto a otros líderes radicales.
Al terminar su discurso, Cobos subrayó: "Dedicó toda su vida a la política porque la entendía como la herramienta más valiosa para construir una sociedad más justa e igualitaria". El ex presidente Alfonsín asumió en 1983, tras la cruenta dictadura que dejó 30.000 muertos y desaparecidos. El día que asumió levantó la ley de autoamnistía que habían decretado los militares y anunció los juicios a las cúpulas militares y guerrilleras; que significaron las cadenas perpetuas de los dictadores Jorge Rafael Videla y Eduardo Massera. Pero luego, tres rebeliones de los militares lo obligaron a dictar la Ley de Punto Final -que suspendía los juicios- y la ley de Obediencia Debida -que significó la amnistía para los oficiales de menor rango que actuaron en el proceso-. Sus retractores le achacan estas leyes como su participación en el Pacto de Olivos que permitió a Menem la reelección. En cambio, sus defensores sostienen que todas las decisiones que tomó las hizo para defender su gran convicción: la democracia.