Plata y plomo

JUAN ORIBE STEMMER

La secretaria de Estado norteamericana. Hillary Rodham Clinton y el vicepresidente Biden han reconocido que su país necesita hacer más para reducir la demanda de drogas ilícitas y detener el tráfico de armas.

La honesta actitud del presidente Obama, de reconocer abiertamente las realidades que debemos enfrentar, se ha extendido al narcotráfico. Clinton, reconoció en México que el desafío del narcotráfico es una responsabilidad compartida, y que el tráfico de armas ilegales desde los Estados Unidos a México forma parte del mismo problema. En un artículo publicado en El País, el viernes, el vicepresidente Biden expresó ideas similares.

En la conferencia de prensa luego de su reunión con el ministro de Relaciones Exteriores de México, Hillary Rodham Clinton, dijo que las organizaciones criminales y sus aliados están diseminando la violencia y tratando de minar los cimientos del derecho, orden amistad y confianza entre los Estados Unidos y México. La secretaria de Estado reconoció "que el tráfico de drogas es un problema compartido" y agregó que se habían intercambiado ideas con el gobierno mejicano sobre "qué pueden hacer los Estados Unidos para reducir la demanda de drogas en nuestro propio país, y para detener el flujo de armas ilegales que cruza nuestra frontera para ingresar a México." El vicepresidente Biden, por su parte, escribió que en los Estados Unidos "necesitamos hacer más para reducir la demanda de drogas ilícitas y detener el tráfico de armas y grandes cantidades de efectivo a través de nuestra frontera Sur".

El artículo no suena demasiado optimista. Biden aplaudió "la valiente posición de México contra los carteles de drogas, como también los esfuerzos de Colombia por combatir las drogas". Pero advirtió, esos mismos avances "tendrán el efecto secundario de empujar a los traficantes hacia América Central". Y agregó: "el narcotráfico es un problema de todos, y debemos encontrar una solución juntos".

Existen indicios de que los grandes carteles que controlan el tráfico de cocaína ya han comenzado a cambiar el destino de sus envíos. La evaluación anual de amenazas del narcotráfico elaborado por el gobierno de los Estados Unidos, observa que la caída en la oferta de aquella sustancia en ese país puede deberse, aunque sea en alguna medida, al aumento de la demanda en otros mercados, incluyendo en la propia América del Sur. Una presunción lógica.

Enfrentamos una coyuntura fatal. Existe una determinada capacidad de producción de cocaína -ya sea pura o en sus formas menos elaboradas- controlada por organizaciones criminales transnacionales con la capacidad para definir y aplicar estrategias de producción y comercialización, a través de las fronteras; un negocio ilícito que produce enormes cantidades de dinero líquido y sin control; y una poderosa demanda.

La droga es un producto con una demanda poco elástica. Cuando la acción de las autoridades nacionales les dificulta el acceso a un determinado país, los narcotraficantes, primero, suben el precio por su producto en ese mercado (lo que les genera "plata") y segundo, transfieren la parte de su producción que no pueden vender a otros mercados (lo que les genera más "plata"). No es sorprendente que las organizaciones dispongan de los recursos para comprar armas de contrabando en Estados Unidos (el "plomo").

Con lo que cerramos el círculo y nos encontramos ante la alternativa entre "plata o plomo" que los carteles colombianos imponían a quienes pretendían corromper.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar