Las drogas

La guerra contra las drogas ha fracasado". Así empieza una declaración firmada por tres ex presidentes latinoamericanos, Fernando Enrique Cardoso (Brasil), César Gaviria (Colombia) y Ernesto Zedillo (México). El ilustre trío dirige su mensaje a Barack Obama pidiéndole una revisión en la política anti-drogas inspirada por Estados Unidos. "Las políticas prohibicionistas basadas en la erradicación, interdicción y criminalización del consumo no han funcionado", advierten. Y como ejemplo señalan que, a pesar de los esfuerzos realizados, los niveles de violencia y crimen se mantienen en Colombia y hacen carne en México, donde la guerra entre los carteles de la droga cobró 5.000 víctimas el año pasado.

La propuesta de los ex presidentes se basa en tres principios: reducir el daño causado por las drogas, restringir el consumo a través de la educación y combatir el crimen organizado.

Promueven cambiar el estatus de los adictos compradores de drogas en el mercado ilegal a pacientes que son cuidados por el sistema de salud público. Las campañas educativas, dirigidas en especial a los jóvenes, deben ser el instrumento esencial. "El nuevo paradigma debe concentrarse en la salud y la educación, no en la represión", afirman. Añaden que al tratar el consumo como cuestión de salud pública, la policía podrá concentrar sus esfuerzos en la lucha contra el crimen organizado. El trío presidencial expresa que "el alarmante poder de la droga está llevando a la criminalización de la política y la politización del crimen".

Sugieren además despenalizar la posesión de marihuana para uso personal, situación que rige desde hace tiempo en Uruguay. Según ellos, la atención debe centrarse en el tráfico y las redes de comercialización. Instan a establecer un diálogo de Estados Unidos y Europa, principales mercados de la droga, con la mayor región productora, es decir América Latina. Sin un esfuerzo de los países desarrollados para desalentar el consumo nada podrá lograrse, concluyen.

El planteo de los ex presidentes Cardoso, Gaviria y Zedillo resulta atendible, sobre todo porque parte de una realidad: el fracaso actual de la lucha contra las drogas.

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