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Javier García
Bien dicen que la geografía es la madre de la historia y si hiciera falta comprobación empírica la frase de Mujica de esta semana es la prueba. "El Cerro y La Teja le ganan a Carrasco", fue su afirmación.
Siguió argumentando que su mejor escenario electoral es aquel en que sus competidores eventuales fueran el Dr. Lacalle por el Partido Nacional y Bordaberry por el Colorado.
Nadie duda que si esa fuera la competencia, el debate, la campaña y el clima electoral van a estar radicalizados. En el terreno de las hipótesis uno ya se imagina los temas de campaña: la guerrilla, quién atentó contra quién, qué problemas hubo en qué gobierno, el golpe de Estado, la dictadura, en fin, el pasado. Discutiremos cosas del Uruguay del sesenta en adelante, será un relato histórico en clave de acusaciones recíprocas duras.
Cuando esas cosas suceden la sociedad se radicaliza, porque cuando las acusaciones son en términos éticos, cuando la discusión moral se cruza en el debate electoral, cuando se agitan muertos, las hinchadas se crispan. Y ese es el escenario que Mujica quiere y desea.
Los opuestos necesitan enfrentarse para justificarse, unos y otros se ven en un espejo donde se pelean de mañana y se agradecen de noche.
Y ese es el esquema de Mujica con su metáfora barrial. Para que en sus dichos gane El Cerro y La Teja, necesita a Carrasco enfrentado.
Todos sabemos qué es lo que hay atrás, la teoría del odio y la lucha de "clases". Si hubiera alguna posibilidad que El Cerro y Carrasco en vez de enfrentados se entendieran, el juego no le daría resultado.
Son barrios diferentes, por cierto, pero ambos son montevideanos. En uno y otro viven uruguayos, pueden compartir la vida en sociedad sin odiarse y sin que nadie les dé manija para que así sea.
Los esquemas polarizados facilitan el discurso: es blanco y negro, hay buenos y malos, hay derecha e izquierda, hay ricos y pobres, viva El Cerro y muera Carrasco, así es un bollo, pero es de terror. Entrar al siglo XXI con estos esquemas radicales es un crimen. La oferta es el pasado. En el escenario polarizado y radicalizado no hay duda que José Mujica corre con ventaja y tiene posibilidades de ganar. Él pierde por el centro.
Necesita enemigos claros, visibles, donde la imagen de ricos contra pobres sea instantánea, de derecha contra izquierda sea evidente, donde esté claro que él es el bueno de la dupla y pasen inadvertidas sus permanentes contradicciones e inconsistencias, donde no tenga que explicar nada, porque si explica pierde.
Somos más los uruguayos que no queremos que sea presidente que los que así lo desean, que están solo en su grupo y el Partido Comunista, sin embargo esa minoría puede sacarlo presidente si no se elige bien con quien enfrentarlo.
Todo el Frente se unificará tras él luego de las internas si los candidatos de los demás partidos son los que él desea y menciona y en ese esquema tiene posibilidades serias de captar adhesiones por el centro. Esto sería regalarle la elección y retroceder en el tiempo cuarenta años. Para ello no hay que facilitarle las cosas y reducir todo a un enfrentamiento radicalizado donde él representa lo bueno y popular, y otros lo malo y elitista. Donde él juega de víctima y otros de victimarios. Si prospera el escenario que Mujica quiere, nos espera un Uruguay de odios y radicalismos. Hay otro escenario, no el de uno contra otros sino el de unos con otros y para eso hay que ganarle. Hay un Uruguay donde puede ganar El Cerro y también ganar Carrasco.
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