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Rodolfo Sienra Roosen
En este oficio hay que tratar de no escribir en caliente, y menos, caliente. Lo primero es una cuestión de oportunidad. Si se puede, mejor esperar. Lo segundo, de estado de ánimo. Por eso dejé pasar varios días para decir algo del cabildo abierto del 7 de marzo. Además del tiempo, corre a mi favor la memoria del acontecimiento, que fue de los que no se van a olvidar, y que al contrario, pueden explicar lo que apunta a suceder en el futuro inmediato.
Cavilamos mucho desde entonces, y lo primero que hay que decir es que no podemos entender el comentario de Danilo Astori, calificando al acto político de no partidario y al discurso del Presidente como el mejor de su mandato. Con todo respeto, asombra cómo una personalidad inteligente puede pagar el precio tan alto de su fuerza intelectual cegado por las ambiciones presidenciales que ve desvanecerse. La Constitución le prohibe al Presidente actos políticos - todos menos el voto dice textualmente-, pero no necesita agregar, porque la finalidad es evidente, que también el acto prohibido debe ser partidario. ¿Y cómo no va a ser partidario este, si lo organizó un gobierno en el que todos los resortes del poder están en manos de un solo partido o coalición de partidos?
Tan partidario fue, que el orador cada vez que se refirió a la oposición, lo hizo con una actitud de despreciativa ajenidad. Si sólo faltó que dijera -aunque era innecesario porque lo dio a entender todo el tiempo que habló- que "aquí somos nosotros los buenos y ellos los malos..." ¿Cómo pudo Astori desatender ya no a la forma -con ello alcanzaba para descalificar la legalidad del cabildo abierto- sino al contenido del monólogo del orador que entre mímica y contorsionismo llegó a pedirle a "la oposición" -a "los otros", a nosotros- nada menos que "lealtad institucional"?
¿Cómo pudo Astori -que es cierto, siempre fue muy maltratado en su relación anterior con el orador- no recordar que contra su propia opinión, aquél, en el crítico año 2003, clamaba por la caída en default del país, y que gracias a la buena relación del entonces Presidente Batlle con Estados Unidos se pudo controlar la crisis bancaria, canjear la deuda y así empezar el proceso de crecimiento económico que cuando el Frente fue gobierno ya llevaba dos años repechando?
Pero también me ayudó la demora, para ir al cine, ver "Frost /Nixon" que trata sobre la única y última entrevista que diera Richard Nixon luego de renunciar a la Presidencia estadounidense. Es admirable el arte del periodista en traerle al ex Presidente a colación su diálogo con un allegado el que llenaba los diecisiete centímetros de cinta grabada que lo incriminaban. Y cuando Nixon debió darse por vencido, quiso excusarse con el argumento que "a veces los Presidentes deben violar la ley".
Y nos vino a la cabeza la imagen del nuestro, violando la Constitución para acercarse a la gente, y disfrazar un manotazo de ahogado para evitar que el Frente pierda el poder, y él a su vez la hegemonía del Frente, a manos de la izquierda dura, con una parodia de rendición de cuentas. "Defraudé al pueblo, defraudé a mi país, defraudé el sistema" terminó confesando, agobiado, Richard Nixon.
Me pareció que se estaba filmando aquí. Es muy recomendable para comprobar en qué terminan los abusos de poder.
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