"Monstruo de Amstetten" será recluido de por vida

| Condena. A cadena perpetua en un centro psiquiátrico

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SANKT PÖLTEN | EL PAÍS DE MADRID YAGENCIAS

Josef Fritzl pasará el resto de su vida en un centro de reclusión para criminales con trastornos mentales. Un tribunal austríaco lo condenó a cadena perpetua y puso fin a una historia que horrorizó al mundo.

El jubilado de 73 años conocido como el "monstruo de Amstetten" fue condenado a cadena perpetua por el tribunal que le juzga en Sankt Pölten (Austria) después de que el jurado popular le declarara de forma unánime "culpable" de todos los cargos en su contra: asesinato por omisión de socorro, esclavitud, violación, cohecho grave, privación de libertad e incesto. "Acepto la sentencia", dijo el acusado al ser consultado por el juez sobre si entendía y aceptaba la pena.

Fritzl pasará el resto de su vida en un centro de reclusión para criminales con trastornos psíquicos donde recibirá terapia, según esta sentencia, que ya es firme y que no podrá ser recurrida. Hasta su ingreso en la institución regresará a la cárcel de Sankt Pölten. Su estado será revisado dentro de 15 años y, si los médicos consideran que está curado y tres magistrados dan el visto bueno, podría ser liberado. A pesar de ello, tanto Fritzl como su abogado han reconocido que con toda probabilidad será encarcelado de por vida.

A la salida del tribunal, el abogado defensor de Fritzl, Rudolf Mayer, declaró a la prensa que "fue muy difícil defenderle" tras asegurar que resulta "evidente que es un perturbado". Según Mayer, es una sentencia "lógica" después de todos los delitos que ha cometido su defendido. Fritzl "reconoció las dimensiones de sus acciones", y los "jurados actuaron absolutamente sin prejuicios", dijo Mayer.

Ayer, durante la última sesión del juicio, la Fiscalía de Baja Austria solicitó cadena perpetua para Fritzl por el cargo de asesinato por omisión de socorro, en referencia a la muerte de uno de los hijos-nieto que tuvo con su hija -a la que mantuvo secuestrada durante más de 24 años en un sótano de su casa- y que falleció a los dos días de nacer, en 1996.

El acusado entró a la sala de la Audiencia Provincial de la ciudad de Sankt Pölten con la cara descubierta, acompañado por una decena de agentes de Policía, tras haberse declarado el miércoles, por sorpresa, culpable de los seis cargos que se le imputaban. Ese día la experta en psiquiatría, Adelheid Kastner, lo describió como un hombre enfermo de poder con graves trastornos de personalidad y desviación sexual, que le habría confesado: "He nacido para violar".

Luego de que la fiscal Christiane Burkheiser pidió la cadena perpetua para el hombre que confesó haber secuestrado y abusado de su hija, Fritzl dijo que se arrepentía "de corazón" por sus crímenes. "No puedo remediar nada, puedo solo tratar de reducir en los límites posibles el daño", agregó.

"No se dejen engañar como fue engañada Elisabeth hace 24 años``, dijo la fiscal, quien pidió al jurado que pensara en el suplicio al que había sido sometida la joven. Según Burkheiser, Fritzl "abusó de la credulidad de la gente", engañando durante 24 años a su entorno y a las autoridades de Amstetten.

Las idas y vueltas en torno a este caso han tenido en vilo a la población. Al día siguiente de su detención, el 26 de abril de 2008, el "monstruo de Amstetten" reconoció los hechos e inclusive confesó el homicidio de su hijo-nieto y dijo que había incinerado el cuerpo del bebé. El lunes, al inicio del juicio, negó en cambio el cargo de asesinato. Recién el miércoles, luego de observar el testimonio grabado en el que su hija contó los horrores a los que la sometió durante 24 años, admitió su culpa.

En un sótano, sin ventanas ni ventilación y aislado por varias puertas blindadas cerradas mediante dispositivos electrónicos, la joven sufrió un calvario inimaginable. Como resultado de las reiteradas violaciones, dio a luz, sola, a siete niños. Elisabeth, según contó su abogada Eva Plaz, manifestó su deseo de que su padre "pague por sus delitos hasta su muerte". Gracias a su testimonio, su padre fue condenado a cadena perpetua.

Buen vecino, con una atroz doble vida

Sankt Pölten | Josef Fritzl había logrado ocultar su doble y diabólica vida hasta que el caso se destapó en abril de 2008. Mientras los vecinos de su calle, la Ybbsstrasse, lo describían como un hombre amable, cortés, comensal apreciado pero un poco autoritario con su familia, Frizl, de ojos azules de una frialdad impresionante, llevaba su doble vida desde 1978.

Según las investigaciones, Fritzl, de 73 años, comenzó a remodelar el sótano cuando su hija Elizabeth tenía 12 años y ya, al parecer, abusaba de la niña. En agosto de 1984, cuando ella tenía 18 años, su padre la encierra, haciéndole creer a su esposa Rosemarie y a las autoridades que su hija se había escapado y adherido a una secta. Y como prueba, obligaba a Elizabeth a escribirle cartas en las que le pedía que dejara de buscarla.

Fritzl "quería formar una segunda familia y estaba seguro de poder mantenerlo en secreto", explicó su abogado defensor Rudolf Mayer. Rosemarie, su mujer, tenía sólo 17 años cuando contrajeron matrimonio en 1956. Otra similitud sorprendente fue que también tuvo siete hijos con su esposa y gemelos, como con Elizabeth.

Con el pretexto de que trabajaba en electrónica en su taller subterráneo, pues Fritzl era ingeniero electricista, había prohibido a su familia que bajara al sótano, donde pasaba noches enteras, según sus allegados, que aseguraron que desconocían esa doble vida.

Criado por su madre soltera en el seno de una familia autoritaria y pronazi, Fritzl "compensó la ausencia de su padre desarrollando una personalidad de patriarca superpoderoso", según el psiquiatra Reinhard Haller. Fritzl sabía que "sólo podría obtener por la fuerza que la gente lo quisiera", afirmó su abogado. "Quiso a Elizabeth a su manera", agregó el letrado en declaraciones a la agencia de prensa austriaca APA. AP

La mujer que nunca supo nada

Rosemarie Fritzl, la esposa del monstruo de Amstetten, ha sido presentada como una mujer inculta, obediente y pasiva, para explicar que en 24 años no sospechara nada del infierno que vivía su hija en el sótano. El lunes Rosemarie rompió su silencio y dijo al diario británico The Sun que su vida está destrozada: "No tengo dinero. Mi orgullo es todo lo que me queda, eso y mi familia. Lo único que quiero es estar con mi familia". La mujer, de 69 años, usa un nuevo nombre y vive en la ciudad de Linz.

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