Para cabezas sin moldes y envejecidas cuadraturas

Fue reeditado el hasta ahora único disco de Andrés Bedó

ALEXANDER LALUZ

Tome asiento. Dispóngase a escuchar con la mente abierta. Deje que los pensamientos se concentren en el término "experimental" y recorra los usos que se le ha dado, por ejemplo, en los últimos 50 o 60 años. Ahora, deje que vuele la escucha con Yo sé que ahora vendrán caras extrañas (Ayuí, 2008).

¿Llegó a la pista 21? Son muchas piezas, pero ¿no le resultó corto? Probablemente sí. Este disco de Andrés Bedó era, hasta el año pasado, una rareza. Se editó originalmente en 1987. Fue el primer trabajo como solista de un refinadísimo compositor y pianista que suele ser identificado como músico acompañante o arreglador de muchos artistas. Pero, como lo confirma esta reedición ampliada (con 8 grabaciones inéditas de aquella época), es un talentoso (y si quiere agréguele el "sísimo") compositor y poeta. Y a su trabajo le cabe, como a muy pocos otros, la calificación de "experimental". Inquieto, culto (que queda en evidencia en las múltiples alusiones musicales y literarias), virtuoso. Sus creaciones son incalificables, pero desde ahí se las ingenia para proponer una música fresca, densa en la brevedad, y cargada de una sensibilidad única. Por fin un disco para escuchar.

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