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RIcardo Reilly Salaverri
A quien primero se lo escuchamos fue a Juan Domingo Perón el célebre caudillo argentino. Cuando el final de su jornada histórica. Decía que "al capital hay que tratarlo con cariño porque es lo más miedoso que hay". Y, si lo asustan se va.
Si lo anterior era cierto en el siglo pasado mucho más lo es hoy, Con las facilidades de la tecnología para disponer en instantes movimientos de dinero y riqueza de un lado al exactamente contrario del planeta.
Lo expresado viene a colación porque reiteradamente venimos atendiendo, en especial de boca de gente de gobierno, que nuestro diminuto país medido en términos mundiales, es poco menos que un centro de lavado de dinero al que se supone de espúreo origen, vinculado fundamentalmente a las drogas y el tráfico de armas.
Sin perjuicio de mantener la guardia levantada al respecto, no está demás recordar que los principales consumidores de drogas son los países más desarrollados -entre quienes se destacan los Estados Unidos de América y los países europeos- y que los principales fabricantes y comerciantes de armas son los Estados Unidos, Rusia, China, Alemania y algunos otros integrantes de las primeras posiciones en el "ranking" de estados y gobiernos más opulentos y poderosos del mundo.
Lo que significa que las monumentales sumas de dinero vinculadas a estos negocios circulan a través de los bancos de estos Estados y que seguramente por día se movilizan internacionalmente cantidades superiores al PBI uruguayo anual.
Recientemente -incluso- en controversia planteada vigorosamente en la interna política del Frente Amplio, se ha llegado a anunciar que uno de los candidatos en carrera de ser presidente de la república, promovería la derogación del secreto bancario vigente en el país.
Es frecuente vincular estos temas también con lo que se conoce como "elusión fiscal", que es el uso de formas legales para bajar el pago de impuestos en el propio país.
Tema al que se alude también como ingeniería fiscal, distinta de la evasión fiscal o el fraude, que internacionalmente suelen vincularse a actividades contrarias al orden jurídico aceptado por los Estados de mayor relevancia mundial.
Desde la revolución francesa en adelante, quienes tienen riqueza le han buscado formas de protección y para ello cuenta con aproximadamente más de 200 jurisdicciones que les permiten resguadar sus reservas y negocios, con bajos impuestos y otros beneficios, a las que se suele aludir como "paraísos fiscales".
Al lado de la enorme mayoría de las cuales nuestro país es un grano de arena en la playa.
No obstante, notoriamente, las oficinas fiscales de nuestros grandes vecinos, por lo dicho, permanentemente intentan mellar algunos de los beneficios que el Uruguay representa para inversores a los que la inseguridad jurídica en que viven en su tierra, les hace llegar hasta nuestro país y jugar parte de su suerte entre nosotros.
Merced justamente a la estabilidad tradicional de las reglas de que goza la nación y de institutos que hacen al secreto bancario, a la libre convertibilidad de monedas, a la entrada y salida libre de capitales, etc.
Y, sin más preocupación que el del interés nacional, es bueno mantener las ideas claras sobre el particular para -siendo pequeños como somos- no caer en el riesgo que mencionaba Perón.
Teniendo presente que el capital es lo más miedoso que hay.
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