Dalai Lama asegura que Tíbet es "un infierno en la Tierra"

China. Refuerzan la seguridad a medio siglo del exilio del líder espiritual

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BEIJING | THE NEW YORK TIMES

El Dalai Lama pronunció ayer un duro discurso contra el gobierno chino, al decir que el Partido Comunista transformó a Tíbet en "un infierno en la Tierra" y que las autoridades consideran a los tibetanos como "criminales que merecen morir".

"Hoy, la religión, la cultura, el idioma y la identidad, que generaciones sucesivas de tibetanos consideraron más preciosos que sus vidas, se acercan a la extinción", declaró el líder espiritual de 73 años.

Esas palabras fueron parte de un discurso devastador pronunciado ayer por la mañana en Dharamsala, India, la ciudad al pie del Himalaya, asiento del gobierno tibetano en el exilio. Los tibetanos fuera de China y sus partidarios llevaron a cabo mítines en todo el mundo para conmemorar el 50 aniversario del fallido levantamiento contra el régimen chino. El Ejército aplastó la rebelión, obligando al Dalai Lama a huir cruzando el Himalaya hacia India.

El tono furioso del discurso pudo ser la reacción a nuevas medidas drásticas tomadas por China en las regiones tibetanas. También es posible que haya abordado el tema con enojo para aplacar a los tibetanos más jóvenes que lo acusan de ser conciliador. Lama defiende una autonomía genuina para Tíbet y no la secesión, en tanto que tibetanos más radicales lo exhortan a apoyar la independencia indiscutible.

Ayer no hubo protestas a gran escala en las accidentadas regiones tibetanas de China, adonde hay un resentimiento generalizado hacia el dominio. El gobierno chino, temiendo disturbios civiles entre los seis millones de tibetanos, cerró por completo la amplia zona, que representa una cuarta parte de China, para lo que envió a miles de tropas en las últimas semanas y cortó los servicios de celulares e Internet. Se impuso la ley marcial, ahora en forma no oficial, y los soldados y policías operan retenes.

El presidente chino, Hu Jintao, hizo un llamado esta semana para construir una "Gran Muralla" de estabilidad en Tíbet. "Debemos reforzar la sólida Gran Muralla para combatir el separatismo y salvaguardar la unidad nacional", dijo Hu cuando se reunía con funcionarios tibetanos en Beijing el lunes.

Se ordenó a los monjes del monasterio Rongwo, en Tongren, adonde estalló la protesta en 2008, que no abandonaran el complejo entre el seis y el 16 de marzo. No se impartieron clases ni se rezó ayer. Un monje dijo que él y sus compañeros estaban leyendo textos budistas en sus habitaciones. "Yo lloré esta mañana", expresó.

El monje declinó proporcionar su nombre por temor a las represalias. Hace un año él estudiaba en Lhasa, la capital tibetana, y participaba en las protestas para conmemorar el 49 aniversario del fallido levantamiento. Cuando las fuerzas de seguridad reprimieron, los tibetanos provocaron disturbios en las calles atacando a civiles chinos de la etnia han.

La rebelión contra el régimen chino se propagó a otras provincias convirtiéndose en la mayor en décadas. Murieron al menos 19 personas en Lhasa, en su mayoría civiles, según el gobierno. Y murieron 220 tibetanos en la violenta represión que siguió, y 1.300 resultaron heridos. Y se detuvo o encarceló a cerca de siete mil, de acuerdo con el gobierno tibetano en el exilio. Aún están desaparecidos más de mil tibetanos.

"Ha habido una represión brutal contra las protestas tibetanas que estremecieron a todo Tíbet desde marzo pasado", dijo el Dalai Lama en su discurso.

Human Rights Watch dijo ayer que un estudio meticuloso de la versión oficial china del levantamiento del año pasado y sus consecuencias muestra que "hubo miles de detenciones arbitrarias, y más de 100 juicios impuestos al sistema judicial". Las cifras oficiales del gobierno chino sobre las detenciones y los procesos judiciales indican que son varios cientos de los presuntos manifestantes los que siguen bajo custodia, manifestó Human Rights Watch.

Funcionarios de Lhasa dijeron que se detuvo a 953 personas después de los disturbios y que 76 de ellas fueron sentenciadas. El gobierno chino acusó a Lama de fomentar la violencia separatista, aun cuando él dice que impulsa los poderes autónomos establecidos en la Constitución china.

Piden que se cumpla la palabra de Mao

Beijing | En su discurso, el Dalai Lama reiteró que Mao prometió a Tíbet autonomía, así como los otros líderes de alta jerarquía con los que se reunió en Beijing en 1954 y 1955. El líder comunista inició las negociaciones sobre el futuro de su país después de que las tropas chinas invadieran la meseta tibetana y se hicieran con el control del país en 1951.

A pesar de las promesas de Mao, dijo Lama, el gobierno chino llevó a cabo "una serie de campañas represivas y violentas" a lo largo de las décadas, incluido lo que los chinos denominaron campañas de "reeducación patriótica" y de "golpear duro" que siguieron a las protestas del año pasado.

"Con esto, se empuja a los tibetanos a tales profundidades de sufrimiento y penurias que experimentan el infierno en la Tierra", dijo Lama.

Después del discurso, miles de tibetanos marcharon por Dharamsala levantando mantas con lemas como: "¡Alto al genocidio en Tíbet!" y "¡Queremos libertad!".

Algunos ondearon banderas tibetanas con dos leones de nieve y un sol radiante, y otros las tenían pintadas en el rostro. "Ahora el mundo sabe qué es el movimiento tibetano", expresó por teléfono Tenzin Tsundue, un manifestante de 34 años.

"De hecho, el levantamiento del año pasado está motivando a otros grupos oprimidos de China a rebelarse. Eso podría abrir a China, y la dirigencia se siente amenazada por eso". The new york times

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