Gonzalo Aguirre Ramírez
El Presidente de la República, a quien la Constitución le prohibe "intervenir en ninguna forma en la propaganda política de carácter electoral" (art. 77-5°), realizó un acto público de apología de su gestión y ataque a la oposición. Lo hizo con los comicios internos y nacionales ya a la vista, pero negó que fuera un acto de proselitismo partidario. Al respecto afirmó: "Este es un acto político del presidente para todos los uruguayos. No es un acto partidario, sino de todos".
Tan partidario fue, sin embargo, que en un momento de su discurso se proyectaron, en la pantalla que tenía atrás suyo, las imágenes de los tres pre candidatos frentistas: Astori, Mujica y Carámbula.
Tanto no fue un acto de todos los uruguayos, que muchos de éstos, en Montevideo al menos, le respondieron con un sostenido caceroleo. Este fenómeno vale por muchas encuestas y evidencia el alto grado de rechazo y de hartazgo que el gobierno frentista ha producido en gran parte de la ciudadanía.
El Dr. Vázquez, cuyo desparpajo suele no tener límites, se permitió decir que "Este acto no tiene costo. No es un gasto sino una inversión en profundiza la democracia". "Cosas veredes"... y "oiredes". ¿Y quién pagó su ostentosa instrumentación? ¿El presidente, de su bolsillo? ¿O el Gran Bonete? Lo que no le impidió proclamar que "El gobierno será prudente con el gasto". A la vista está que no lo es, como no lo fue ni siquiera cuando la crisis mundial ya golpeaba a las puertas.
"Los asalariados -dijo- no pagarán el costo de una crisis internacional con un ajuste fiscal". "En este período de gobierno -agregó- no va a haber ajuste fiscal". Se olvidó de que los asalariados, así como los jubilados, ya fueron víctimas, sin crisis alguna a la vista, de un formidable fiscalazo, disfrazado de impuesto a la renta.
Así es fácil, metiéndole a fondo la mano en el bolsillo -sin necesidad alguna- a los pasivos y los trabajadores, llenar las arcas del Estado con el IRPF y el IASS, que no son otra cosa que fuertes rebajas de salarios y pasividades. Y alardear, después, de que no va a haber ajuste fiscal. En rigor, ya lo hubo, en julio del 2007, a pesar de que, a favor de la bonanza internacional, el dinero sobraba en ese entonces.
Negó que la inseguridad haya aumentado y osó atribuirle la opinión generalizada, en contrario, a "las crónicas policiales, que han aumentado espectacularmente". Basta salir a la calle para advertir que dichas crónicas sólo reflejan parcialmente la realidad. Lacerante realidad, de la que han sido víctimas la fiscal Guianze, Astori y los ministros Rossi, Martínez y Gonzalo Fernández. ¡Por favor, presidente! ¿Nos cree miopes y amnésicos, a los uruguayos?
Y hasta se permitió reclamarle "lealtad institucional" a la oposición. Nada menos que él, a quien todos recordamos, en medio del feroz vendaval de la crisis del 2002, con el país al borde de una catástrofe, salir a proclamar -"urbi et orbi"- que Uruguay estaba en "default" y así debía reconocerlo. ¿Tiene autoridad, entonces, el Dr. Vázquez, para reclamar lealtad institucional?
Esta les sobra al Partido Nacional y al Partido Colorado, que la han demostrado siempre, ante las grandes crisis nacionales. Y que son quienes, con su esfuerzo constante, crearon y afianzaron nuestras instituciones democráticas, que estuvieron once años de vacaciones cuando los tupamaros nos precipitaron en brazos de la dictadura.
Esa es la verdad, señor presidente. Reconózcala, en lugar de pretender burlarse del Dr. Larrañaga, lo que es impropio de su investidura.