PESHAWAR, PAKISTÁN | EL PAÍS DE MADRID Y AFP
Aviones no tripulados controlados desde Las Vegas aniquilan terroristas en la zona limítrofe entre Afganistán y Pakistán, a más de 12.000 kilómetros de distancia. No es la escena de una película de ciencia-ficción.
El Pentágono usa esos robots voladores para ganar la guerra contra los talibanes y Al Qaeda, e incluso para dar de una vez por todas con el escondrijo de Osama Bin Laden. Ayer, al menos 22 personas, principalmente combatientes islamistas, murieron en un nuevo ataque con misiles lanzados por estas naves en las zonas tribales de Bhagan, el noroeste de Pakistán, limítrofe con Afganistán. El sábado, un bombardeo de iguales características mató a 27 presuntos insurgentes en Waziristán del Sur, otra de estas regiones donde Washington cree que Al Qaeda y el Talibán reconstruyen sus fuerzas.
Desde 2001, el Ejército estadounidense ha multiplicado por 25 el número de aviones no tripulados que sobrevuelan Irak y Afganistán, hasta superar los 5.000. Si desde los años sesenta se utilizan para cumplir funciones de vigilancia y reconocimiento, sólo desde 2002 han comenzado a ser explotados como aviones de combate. Los aviones Predator -con su modelo RQ-1 como emblema- cuentan con cuatro misiles y dos bombas de 225 kilogramos cada una. Su papel bélico dejó de ser secundario a mediados de 2008. El secretario de Defensa, Robert Gates, lamentó entonces "la falta de visión" que había sufrido el Pentágono para aprovechar el potencial de estos aviones. "Son ideales para muchas tareas de las guerras modernas", dijo. "Por ejemplo, para detectar a unos rebeldes que están plantando una trampa explosiva en una calle, ahorrando riesgos para las tropas".
Más de 30 ataques con los Predator han sido ejecutados por EE.UU. desde agosto en Pakistán, en los bastiones de Al Qaeda. La primera acción de combate que autorizó el nuevo presidente, Barack Obama, dos días después de jurar el cargo, fue un ataque transfronterizo con un avión no tripulado en una zona montañosa paquistaní. Estos aparatos permiten evitar roces diplomáticos con un aliado como Pakistán, que no ha dado permiso para invadir su espacio aéreo, según Andrew Brooks, analista del Instituto Internacional para Estudios Estratégicos. "Si un avión tripulado fuera derribado y el piloto capturado, la reclamación de EE.UU. provocaría una situación embarazosa".
Sin embargo, desde el último verano boreal, Pakistán protesta sistemáticamente -y en vano- a Estados Unidos por lo que consideran una intromisión en su soberanía. Es el elemento más tenso en la relación entre ambos gobiernos, aliados en la "guerra al terrorismo".
Los expertos consideran el empleo de aviones no tripulados como la mayor revolución bélica desde el fin de la guerra fría: son casi invisibles y pueden vigilar un objetivo durante más de 24 horas y desde gran altura -el Global Hawk alcanza los 60.000 pies (18,2 kilómetros)-. En 2007, los aviones no tripulados estadounidenses llegaron a completar más de 60.000 horas de vuelo y dispararon 99 misiles. Muchos pronostican que reemplazarán por completo a los aviones pilotados. Otros, como Gareth Jennings, experto de la revista británica especializada Jane`s, objeta que hay todavía muchos factores técnicos e incluso éticos que necesitan ser resueltos, como el problema de compartir espacio aéreo con el tráfico comercial.
El desarrollo y el abaratamiento de estas aeronaves (un Predator cuesta más de 700 mil dólares) dependerá del clima político y militar de los próximos años. De momento, los beneficios de la investigación militar en aviones no tripulados se extienden ya al ámbito civil, como en el control del tráfico de ilegales y el combate a las catástrofes naturales.
Imponen la ley islámica en las regiones más duras de Pakistán
El gobierno paquistaní acordó ayer imponer la ley islámica y suspender una ofensiva militar en gran parte del noroeste del país, en concesiones que buscan evitar que la insurrección del Talibán se extienda desde la región fronteriza al interior del país.
La decisión llega luego de negociaciones del gobierno con un grupo pro Talibán para convencer a combatientes en el Valle de Swat que depongan las armas.
"Esta fue la demanda de la gente. Había un vacío (legal)``, dijo el jefe de gobierno Amir Haider Khan Hoti, agregando que el cambio no violaría la Constitución paquistaní -la cual estipula un sistema legal secular- o los derechos humanos en la región.
Varios acuerdos pasados con combatientes en el noroeste de Pakistán han terminado en fracasos.
Estados Unidos ha advertido que tales acuerdos simplemente dan a los combatientes tiempo para reagruparse, pero el gobierno civil del país insiste en que la fuerza por sí misma no puede impedir que los extremistas causen estragos en Pakistán y que ataquen a las tropas estadounidenses en el vecino Afganistán. ap