Los gobernantes, en todos los países, se dividen en buenos y malos. Aunque también los hay regulares. No se les clasifica -o, por lo menos, no se les debe clasificar-, en de derecha y de izquierda. Supuestamente malos los primeros y buenos los segundos. Supuestamente, decimos, porque el encasillamiento de los presidentes y primeros ministros, actuales y pasados, en esas categorías políticas anacrónicas y que convocan a la confusión conceptual, demuestra que los calificados como derechistas a veces gobiernan bien y en otros casos lo hacen mal. O muy mal, como Bush hijo. Y que lo propio ocurre con quienes se les ubica como "de izquierda".
Esta última calidad se le adjudicaba, cuando llegó al gobierno de su país, a Lula, quien hizo sus deberes bien. O muy aceptablemente, por lo menos. Al igual que a Alan García cuando su primera presidencia, que fue un desastre. Como el que perpetró Kirchner, proseguido por su cónyuge, de juventud "montonera" y, por tanto, catalogado de izquierdista. Reagan fue uno de los grandes presidentes de EE.UU. Y, al igual que el que acaba de abandonar la Casa Blanca, era de derecha, según los que aún se manejan con esa terminología política de otros tiempos. Clinton, ¿era de derecha o de izquierda? La respuesta quizás no sea fácil. Pero lo que sí lo es, en lo que no hay casi discrepancias, es en que fue un excelente presidente de su gran país.
Al mismo partido -el PSOE- pertenecen en España Felipe González y Zapatero. Convengamos, sin embargo, en que el primero fue buen gobernante y Zapatero no lo es tanto. Ambos, sin embargo, son, supuestamente, de izquierda. Y de derecha, por liderar el PP, era catalogado Aznar. Sin embargo, olvidándonos de la gruesa "gaffe" que cometió cuando apoyó a Bush en su torpe decisión de invadir Irak, gobernó con acierto. Casi nadie lo discute.
Podríamos seguir con los ejemplos demostrativos de que es un grueso error, colgarles a los gobernantes los rótulos de derechistas o izquierdistas. Sin ir más lejos, el izquierdista Vázquez, -¿lo es, realmente?- ¿ha gobernado mejor que sus antecesores, considerados más o menos derechistas por los entreverados correligionarios del presidente "part time"?
Claro que dicho grueso error, a menudo no es tal, sino el viejo y manido recurso de comunistas y demás marxistas de pretender descalificar a sus adversarios políticos tildándolos de derechistas. O peor aún, como se decía antes, de "fachos". Es decir, de retrógrados, egoístas y explotadores o hambreadores del pueblo. Error en que, por acostumbramiento o por pereza mental, suelen incurrir periodistas inexpertos y los famosos politólogos, encasillando a los aspirantes a gobernantes en una gama seudo ideológica que va desde la extrema derecha a la extrema izquierda, pasando por la derecha, la centro derecha, el centro, la izquierda moderada y la ultra o radical.
Categorías, todas ellas, que habría que erradicar de la terminología política, pues pertenecen a épocas que, aunque todavía recientes, son ya de un mundo inexistente y configuran muletillas con que algunos buscan confundir a los votantes y aportar agua a sus molinos.
¿Construir escuelas y hospitales, es de izquierda o de derecha? ¿Lo es combatir la inflación y el déficit fiscal? ¿Lo es atraer la inversión extranjera y mejorar el sistema educativo? Todo ello es de buenos gobernantes, no de derecha ni de izquierda. Estar en contra -o a favor- de despenalizar el aborto no es de derecha ni de izquierda, sino una definición que, en el error o en el acierto, cada ciudadano adopta por razones éticas, filosóficas, religiosas y aún científicas. Caso, este último, del Dr. Tabaré Vázquez.
En conclusión, entonces, cuando se trata de juzgar a un gobernante o a un postulante a serlo, sacar a relucir su supuesta condición de izquierdista o derechista es de gente que, con los figurines atrasados, aún está cautiva del dogmatismo ideológico. Las preguntas a formular son otras. A saber:
¿Conoce los problemas de su país y su historia? ¿Es ducho en los vericuetos de la política internacional? ¿Conoce la problemática del comercio exterior del país? ¿Tiene, por lo menos, un barniz de conocimientos de derecho, economía y administración? ¿Cuenta con buenos asesores y está rodeado de un buen equipo? ¿Tiene experiencia en el arte del gobierno?
Lo demás, es lo de menos. Mejor dicho, no importa para nada.